Queridos oyentes, hoy saldremos del marco acostumbrado de nuestras meditaciones diarias, porque aquí en Jerusalén, donde me encuentro actualmente con Harpa Dei, se celebra en este día la Fiesta de la Dedicación de la Basílica del Santo Sepulcro. En esta iglesia se encuentra tanto el lugar donde Jesús fue crucificado como también el sitio de su Resurrección. Estos dos lugares esenciales para la cristiandad –el Calvario y el Sepulcro– son el centro de las celebraciones litúrgicas y de las peregrinaciones.
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APÓSTOLES DEL AMOR DE DIOS
Si escuchamos al Señor y seguimos su llamado, Él nos hace partícipes de su plan de salvación. Las Sagradas Escrituras nos relatan cómo Jesús envía a sus apóstoles para que lleven el mensaje de la salvación a todas partes: “Seréis mis testigos (…) hasta los confines de la tierra.” (Hch 1,8b)
En el Mensaje a la Madre Eugenia, Dios Padre nos dice:
“Puesto que Yo deseo, sobre todo, darme a conocer a todos vosotros, para que todos podáis gozar de Mi bondad y ternura ya aquí en la Tierra, convertíos en apóstoles de aquellos que no me conocen todavía, y Yo bendeciré vuestros trabajos y esfuerzos, preparándoos una gran gloria cerca de Mí en la eternidad.”
El yugo de Jesús
Mt 11,28-30
En aquel tiempo Jesús exclamó: “Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.”
LA DEBILIDAD DE MIS HIJOS
En su compasión, nuestro Padre abarca toda nuestra realidad. Como Creador nos ha concedido una maravillosa existencia como seres humanos, que debemos vivir plenamente en su gracia. Él siempre nos invita a recibirlo todo de su mano, para que podamos llevar una vida que corresponda a nuestra vocación. Nuestro Padre ha pensado en nosotros desde toda la eternidad, y cuando llegó el momento de llamarnos a la existencia pronunció por amor su “hágase” creador. Si estuviésemos más conscientes de ello, moraría siempre en nuestro corazón aquella paz que Dios da.
LA VERDADERA PAZ
El gran anhelo de paz que habita en el corazón de tantas personas puede hacerse realidad si recurren a la verdadera fuente de la paz. Primero es necesario estar en paz con Dios, viviendo conforme a su Voluntad. Esto nos lo ofrece en su Hijo, por quien “quiso reconciliar consigo todos los seres, restableciendo la paz, por medio de su sangre derramada en la Cruz” (Col 1,20). A sus discípulos les dice: “Mi paz os doy” (Jn 14,27).
Las fuentes de la paz nos son familiares y siempre accesibles. Pero la paz no sólo debe entrar en el corazón de algunas personas; sino que todos los hombres han de recibirla.
Todo está insertado en el plan de Dios
Is 10,5-7.13-16
Así dice el Señor: “¡Ay, Asiria, bastón de mi ira, vara que mi furor maneja! Voy a guiarla contra gente impía, contra el pueblo objeto de mi cólera, para que lo saqueen y lo pillen a placer, y lo pateen como el lodo de las calles. Pero él no pensaba así, ni su mente así lo estimaba, sino que su intención era arrasar y exterminar no pocos pueblos.”
EL PADRE SE DIRIGE A LA JUVENTUD
Servir a nuestro Padre Celestial significa tener parte en su amorosa preocupación por los hombres. Él no excluye a nadie de su amor. Sin embargo, el hombre mismo puede cerrarse a este amor. Precisamente esto es lo que el Padre quiere evitar, y para ello llama a sus “apóstoles” a dar auténtico testimonio de Él.
Su mirada de amor se posa hoy sobre la juventud, que fácilmente se deja engañar por falsos ideales:
“Quiero proteger a la juventud, como un tierno padre. ¡Hay tanto mal en el mundo! Esas pobres almas inexperimentadas se dejan seducir por las atracciones del vicio, que, poco a poco, los conduce a la ruina total.
La verdad compromete
Mt 11,20-24
En aquel tiempo, Jesús se puso a reprochar a los pueblos en los que había realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertos de sayal y sentados en ceniza. Por eso, os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? ¡Pues hasta el Hades te hundirás! Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.”
LA VERDADERA LIBERTAD
“Si el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres” (Jn 8,36).
Sólo Dios puede darnos la verdadera libertad, pues ésta consiste en vivir en su Voluntad, correspondiendo así al amoroso plan con que Él nos creó. Muchas veces las personas creen que la libertad consiste en hacer lo que a uno le plazca, y así caen en muchas dependencias. Pero no, la verdadera libertad consiste en hacer lo correcto, vivir en la verdad y adherirse a ella de todo corazón. Esto es lo que Dios, en su amor, nos ofrece, al mismo tiempo que nos da la gracia para ponerlo en práctica.
Alcanzar la sabiduría
Pr 2,1-9 (Lectura correspondiente a la memoria de San Benito Abad)
Hijo mío, si aceptas mis palabras y retienes mis mandatos, prestando atención a la sabiduría y abriendo tu mente a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la buscas como al dinero y la rastreas como a un tesoro, entonces comprenderás el temor de Yahvé y encontrarás el conocimiento de Dios. Porque es Yahvé quien da la sabiduría y de su boca brotan el saber y la prudencia. Él concede el éxito a los hombres rectos, es escudo para quienes proceden sin tacha, vigila las sendas del derecho y guarda el camino de sus fieles. Entonces comprenderás la justicia, el derecho y la rectitud, y todos los caminos del bien. leer más
