UN CONSUELO PARA DIOS 

“Quisiera (…) que puedas dedicar media hora al día para consolarme y amarme” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

La Madre Eugenia, a quien nuestro Padre Celestial dirigió estas palabras, aclara que este deseo del Padre se extiende a todos sus hijos. En efecto, es un gran consuelo para Él que sus hijos se dirijan confiadamente a Él y le dediquen tiempo. El amor necesita este espacio donde se trata de la otra persona, del “tú”; en este caso, de Dios mismo. Recordemos que, conforme al testimonio de los Evangelios, Jesús se retiraba antes del amanecer para estar a solas con su Padre (Mc 1,35). Estos momentos son de inestimable valor: el diálogo íntimo con el Padre, la permanencia con Él…

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La justicia de Dios

Ap 18,1-2.21-23;19,1-3.9a

Después de esto vi bajar del cielo a otro ángel, que tenía gran poder, y la tierra quedó iluminada por su resplandor. Gritó con potente voz: “¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en antro de toda clase de aves inmundas y detestables.”

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GOZAD CON EL SEÑOR

 “Alegraos, justos, y gozad con el Señor, aclamadlo, los de corazón sincero” (Sal 31,11). 

El gozo en el Señor que aquí aclama el salmo ha de inundar a los justos, pues ellos se esfuerzan por hacer la Voluntad de Dios. Es en sí mismo una fuente de alegría conocer a Dios y gustar la sabiduría de sus mandamientos, así como caminar por la senda que el Padre, en su bondad, nos ha preparado.

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Los vencedores

Ap 15,1-4

Luego vi en el cielo otro signo grande y maravilloso: siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, porque con ellas se consumaba el furor de Dios. Contemplé también una especie de mar de cristal mezclado con fuego, y vi a los que habían triunfado sobre la Bestia, sobre su imagen y sobre la cifra de su nombre.

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“TE ENSEÑARÉ EL CAMINO QUE HAS DE SEGUIR”

 “Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir, fijaré en ti mis ojos” (Sal 31,8).

Los caminos de nuestro Padre son perfectos y, mientras escuchemos y sigamos sus instrucciones, no nos extraviamos.

¿Podría acaso ser de otra manera? Nuestro Padre, que nos creó y nos redimió, llamándonos a su Reino Eterno, ¿no conducirá a los suyos por el sendero recto? Sería imposible imaginar que no lo hiciera, siendo así que Dios es fiel y nos ama con un amor inefable. Él no traicionaría jamás su amor ni jugaría con nuestros sentimientos. En la Persona de su Hijo, nos abrió el camino seguro para llegar a Él (Jn 14,6). ¿Acaso no nos manifestó su insuperable amor en la Cruz? Cuando los hombres traicionaron su amor, ¿no respondió Él con un amor aún más grande? ¿Acaso no estableció su Iglesia como Maestra para todos los pueblos?

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El tiempo de segar

Ap 14,14-19

 Seguí contemplando la visión. Había una nube blanca, y sentado sobre la nube alguien parecido a un Hijo de hombre, que llevaba en la cabeza una hoz afilada. Luego salió del Santuario otro ángel gritando con voz potente al que estaba sentado en la nube: “Mete tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar. La mies de la tierra está madura.” leer más

UN RAYO DE PAZ 

“Si alguien me honra y confía en mí, haré descender sobre él un rayo de paz en todas sus adversidades, en todas sus angustias, sufrimientos y aflicciones, sean las que fueren; sobre todo si me invoca y me ama como a su Padre” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Nuestro Padre sabe muy bien lo que necesitamos en las adversidades. Para alcanzar la paz interior, no siempre es necesario superar todas las dificultades de un momento a otro y que los sufrimientos desaparezcan de inmediato. Lo que es esencial para nosotros es cobrar consciencia de que Dios no nos deja solos, sino que nos da siempre una señal de su presencia, aunque tengamos que hacerlo a través de un acto de fe en contra de nuestros sentimientos.

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“TE PROTEJO COMO A LA NIÑA DE MIS OJOS” 

“No temas, hijo mío: Yo te protejo como a la niña de mis ojos” (Palabra interior).

Sin duda son muchos los peligros que amenazan al hombre en esta vida, tanto desde dentro como desde fuera. En realidad, en ningún sitio está realmente a salvo, por mucho que se esfuerce en adquirir todo tipo de seguridades. Tampoco un optimismo meramente humano es capaz de afrontar la incertidumbre de esta vida terrenal. En todas partes pueden sobrevenirle circunstancias con las que no había contado y para las cuales no está preparado. Por eso Jesús nos dice en el Evangelio: “En el mundo tendréis sufrimientos”, y luego añade: “Pero confiad: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

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El Reino de Cristo

Lc 23,35b-43

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas y decían: “Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el Cristo de Dios, el Elegido.” También los soldados se burlaban de él; se acercaban, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!” Había encima de él una inscripción: “Éste es el rey de los judíos.”

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