EL PARAÍSO SE ABRE

¡Fue tanto lo que perdimos cuando se nos cerraron las puertas del Paraíso! Aunque nos hayamos acostumbrado y ya no lo percibamos con gran dolor, es una profunda miseria en la que se sumió el hombre al caer en el pecado. Pero en el fondo del alma permanece aún el anhelo del Paraíso, que puede convertirse en un impulso para que busquemos a Dios. Nuestro Padre nos deja sentir las carencias de esta vida incompleta, y, al mismo tiempo, nos muestra el camino hacia aquella plenitud que Él nos quiere conceder. Así nos dice en el Mensaje a la Madre Eugenia:

“Si vosotros me amáis y me llamáis confiadamente con el dulce nombre de ‘Padre’, comenzaréis a experimentar ya aquí en la Tierra el amor y la confianza que os harán felices en la eternidad y que cantaréis en el cielo en compañía de los elegidos. ¿No es esto como una anticipación de la dicha del cielo, que durará eternamente?”

leer más

Corregir con mansedumbre

2Tim 2,22b-26 (Lectura correspondiente a la memoria de San Ireneo de Lyon)

Hijo mío: Corre al alcance de la justicia, de la fe, de la caridad y de la paz, en unión de los que invocan al Señor con corazón puro. Evita las discusiones necias e insustanciales; sabes muy bien que engendran altercados. Y a un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable con todos, pronto a enseñar, sufrido; que sepa corregir con mansedumbre a los adversarios, por si Dios les otorga la conversión que les haga conocer plenamente la verdad, y volver al buen sentido, librándose así de los lazos del diablo que los tiene cautivos, rendidos a su voluntad.

leer más

LAS VERDES PRADERAS DE DIOS

¡Con cuánta abundancia nos provee el Padre! Así como nos da el pan de cada día, también alimenta nuestra alma con el pan espiritual que necesitamos. Día a día nos habla a través de su santa Palabra. Día a día su voz susurra a nuestro corazón, bendiciéndonos con su presencia. Día a día el sacrificio de Cristo es actualizado en los altares, para que el fruto de la Redención sea brindado a las personas en el “pan de los ángeles”. Y, no obstante, tristemente es muy cierto lo que nos dice el Padre en su Mensaje:

“¡Mirad cuántas criaturas Mías, que se habían convertido en hijos Míos por el misterio de la Redención, no se encuentran ya en las praderas que Yo he establecido para todos los hombres a través de Mi Hijo! ¡Mirad cuántos otros –y vosotros lo sabéis bien– siguen ignorando la existencia de estos prados! ¡Y cuántas otras criaturas surgidas de Mis manos no conocen ni siquiera la mano que las ha creado! Vosotros no las conocéis, pero Yo las conozco a todas.”

leer más

Pecados graves

Am 2,6-10.13-16

Así habla el Señor: Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque ellos venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisotean sobre el polvo de la tierra la cabeza de los débiles y desvían el camino de los humildes; el hijo y el padre tienen relaciones con la misma joven, profanando así mi santo Nombre; se tienden sobre ropas tomadas en prenda, al lado de cualquier altar, y beben en la Casa de su Dios el vino confiscado injustamente…

leer más

Llamados a la libertad

Gal 5,1.13-18

Hermanos: Para ser libres nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud. Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad. Pero no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos unos a otros por amor. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

leer más

EL DESEO DE DIOS

Una hermosa flor en el Corazón de nuestro Padre es su misericordia. Con ella, y no con una inflexible severidad, quiere juzgar al mundo. La misericordia es su motivación insuperable para estar siempre pendiente y salir una y otra vez en busca de los hombres, para que se abran a su amor. En el Mensaje a la Madre Eugenia, nos dice:

“Ellos [los pecadores, los enfermos, los moribundos y todos los que sufren] han de saber que no tengo otro deseo más que el de amarlos, colmarlos de Mis gracias, perdonarles cuando se arrepientan, y, sobre todo, no juzgarlos con Mi justicia sino con Mi misericordia, para que todos se salven y sean contados en el número de Mis elegidos.”

leer más

Su madre conservaba todo esto en su corazón

Lc 2,41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. Pasados aquellos días, ellos regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtieran. Creyendo que estaría en la caravana, y tras hacer un día de camino, lo buscaron entre los parientes y conocidos. Pero, al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

leer más

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: El Señor busca a sus ovejas

Ez 34, 11-16

Así dice el Señor: “Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él. Como un pastor vela por su rebaño cuando se encuentra en medio de sus ovejas dispersas, así velaré yo por mis ovejas. Las recobraré de todos los lugares donde se habían dispersado en día de nubes y brumas. Las sacaré de en medio de los pueblos, las reuniré de los países, y las llevaré de nuevo a su suelo. Las pastorearé por los montes de Israel, por los barrancos y por todos los poblados de esta tierra.

leer más

EL AMOR AHUYENTA LOS ÍDOLOS

Si aprendemos a amar más y más a nuestro Padre Celestial, todos los ídolos tendrán que apartarse de nosotros. Si en la Antigua Alianza los israelitas debían renunciar con determinación a los ídolos y les había sido estrictamente prohibido rendirles homenaje, también hoy nuestro Padre quiere preservarnos de que nos extraviemos.

San Pablo nos dio a entender que, detrás de los ídolos, se esconden los demonios (cf. 1Cor 10,19-20), para engañar a las personas y apartarlas de Dios.

leer más