MI CORAZÓN TE PERTENECE

“Mi corazón te pertenece y tu corazón me pertenece” (Palabra interior).

¡A tal punto nuestro Padre quiere estar unido a nosotros! No olvidemos nunca que la relación de amor entre Dios y los hombres es una historia de amor. El Señor quiere que el carácter de esta relación que Él procura tener con sus hijos corresponda a las palabras citadas: “Mi corazón te pertenece y tu corazón me pertenece”.

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La paciencia

Ef 4,1-7.11-13 

Hermanos: Yo, prisionero por el Señor, os exhorto a que viváis de una manera digna de la llamada que habéis recibido: con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Pues uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como es una la esperanza a que habéis sido llamados.

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EL SEÑOR PROTEGE AL FORASTERO

“El Señor protege al forastero, sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 145,8).

En su amor y providencia, nuestro Padre tiene en vista a todas las personas; y nos exhorta a que también nosotros prestemos especial atención a aquellas que fácilmente son marginalizadas. Los forasteros están expuestos a ser explotados y engañados, si el amor no se hace cargo de ellos y se encuentra con delicadeza con su carácter extranjero, para que se sepan cobijados por este amor.

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Hacer el bien sin demora

Prov 3,27-34

No niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo. No digas a tu prójimo: “Vete y vuelve, mañana te daré”, si tienes algo en tu poder. No trames mal contra tu prójimo cuando se sienta confiado junto a ti. No te querelles contra nadie sin motivo, si no te ha hecho ningún mal. No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos; porque el Señor abomina a los perversos, pero su intimidad la tiene con los rectos.

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“ÉSTE ES MI HIJO AMADO; ESCUCHADLE”

Conforme al relato de los evangelios, estando Jesús en el Monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan, se transfiguró delante de ellos. Entonces salió de una nube la voz del Padre que les decía:

“Éste es mi hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.” (Mt 17,5b)

Al oír la voz del Padre, los discípulos se llenaron de miedo y el Señor tuvo que levantarlos diciéndoles: “No tengáis miedo” (Mt 17,7).

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Sagacidad de los hijos de la luz

Lc 16,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. Un día le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.’ Entonces se dijo para sí el administrador: ‘¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea destituido del cargo me reciban en sus casas.’

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EL SEÑOR ES CLEMENTE Y MISERICORDIOSO

“El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad.”
(Sal 144,8)

La clemencia de nuestro Padre Celestial nos envuelve siempre, como una constante invitación a abrirnos a su amor. Toca siempre a la puerta de nuestro corazón, pidiendo ser recibida como un huésped delicado, querido y bienvenido. Si le abrimos las puertas, ella entrará y se establecerá en nuestro corazón, convirtiéndolo en un trono de la gracia de Dios. Entonces su gracia empieza a guiarnos y modela todo en nosotros conforme a la sabiduría de la Voluntad Divina.

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Las vírgenes prudentes

Mt 25,1-13 (Lectura correspondiente a la memoria de Santa Hildegarda de Bingen)

 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’ Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.

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