«Hija mía, quien pronuncie con fe y disposición perfectas las cuatro palabras: “Jesús, apiádate de mí”, me agrada más que quien recite miles de versos sin prestar atención» (Palabras de Jesús a Santa Brígida de Suecia). leer más
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San Esteban el joven: Víctima del iconoclasmo
Antes de entrar en la historia del santo de hoy, ¿qué es el iconoclasmo?
A raíz del Concilio de Calcedonia, surgió una controversia en la Iglesia de Oriente acerca de si era admisible representar a Cristo en íconos. Influenciados por la doctrina islámica de la inaccesibilidad de Dios, los detractores de las imágenes argumentaban que, al ser Cristo verdadero Dios, no podía ser representado, y consideraban que un ícono ponía demasiado énfasis en su humanidad. Los defensores de las imágenes, por el contrario, afirmaban que el Espíritu de Dios impregnaba las representaciones visibles del Dios invisible. En el año 726, el emperador León III prohibió las imágenes y ordenó su destrucción en todas las iglesias y monasterios.
Los «iconoclastas», es decir, los detractores de las imágenes, se basaban en la prohibición del Antiguo Testamento de hacer representaciones de Dios. Esta disputa, que se libró con ferocidad durante casi un siglo, finalizó cuando la Iglesia definió de forma vinculante que se podían venerar los íconos de Cristo y de los santos.
San Barlaam y Josafat: El verdadero rey
Al acercarnos al final del año litúrgico, me gustaría hablaros de dos santos que, probablemente, hoy en día desconocemos, pero cuya historia era tan popular en la Edad Media que se decía que algunos la conocían mejor que las Sagradas Escrituras.
Se trata del ermitaño san Barlaam y el príncipe indio Josafat. Se considera como autor de su historia a san Juan Damasceno, un padre de la Iglesia nacido alrededor del año 650.
Las antiguas crónicas de la India relatan que algunos ermitaños del desierto de Tebaida se desplazaron a la tierra de los hindúes, donde habrían conquistado para el cristianismo a personas de todas las castas. Muchos de ellos imitaron el ejemplo de los apóstoles de Egipto y se dedicaron a la contemplación en la soledad. Su número era considerable, por lo que la «nueva religión» atrajo la atención de los reyes. Entonces se levantó Abener, un poderoso rey de la India cuyo reino se encontraba en las fronteras de Persia, y comenzó a perseguir a los cristianos. Él adoraba al dios Brahma y no desdeñaba ningún placer sensual. Pero, por muy rico que fuera el tesoro de su palacio y por más que sus ropas abundaran en oro y piedras preciosas, su alma era pobre en sabiduría.
EL OFICIO A DIOS PADRE
“LUZ PARA EL MUNDO”
«Esta luz iluminará los caminos que conducen a la verdadera Iglesia Católica, e indicará el sendero a aquellos pobres hijos que aún son víctimas de la superstición» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio). leer más
Contado, pesado, dividido
Dan 5,1-6.13-14.16-17.23-28
En aquellos días, el rey Baltasar ofreció un banquete a mil nobles del reino, y se puso a beber delante de todos. Después de probar el vino, mandó traer los vasos de oro y plata que su padre, Nabucodonosor, había cogido en el templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y los nobles, sus mujeres y concubinas. Cuando trajeron los vasos de oro que habían cogido en el templo de Jerusalén, brindaron con ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y concubinas. Apurando el vino, alababan a los dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera. De repente, aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoco del muro del palacio, frente al candelabro, y el rey veía cómo escribían los dedos. Entonces su rostro palideció, la mente se le turbó, le faltaron las fuerzas, las rodillas le entrechocaban.
Santa Catalina de Alejandría: Yo os daré las palabras y la sabiduría
Hoy celebramos la memoria de Santa Catalina de Alejandría, que vivió entre el siglo III y IV en Alejandría (Egipto). Catalina, hija única de un gobernador pagano llamado Costus, recibió una buena educación. Siendo aún muy joven, abrazó la fe cristiana.
Cuando se enteró de que el emperador Majencio había ordenado que todo el pueblo acudiera a Alejandría para ofrecer sacrificios a los dioses, Catalina se dirigió deprisa al lugar donde se encontraban los cristianos, atemorizados frente a la muerte que les esperaba si se negaban a sacrificar.
Con valentía, la joven se presentó ante el Emperador y le dijo:
“LA PETICIÓN DE NUESTRO PADRE”
«Dirigidme vuestra oración, para que yo pueda llevar a cabo la obra de mi amor en todas las almas» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio). leer más
“¡TODAVÍA NO ES TODO!”
«Aún no puedo deciros más sobre este abismo, porque si os revelara la plenitud de mi amor por vosotros, os encontraríais ante el mayor de todos los misterios» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
La virtud de la fortaleza (Parte III)
Habíamos reflexionado sobre la virtud de la fortaleza en contexto con las lecturas del libro de los Macabeos; aquellos hombres y mujeres valientes del Pueblo de Israel. También señalé que necesitamos esta virtud para nuestro testimonio cristiano en el mundo, que, en un caso extremo, puede llegar hasta el martirio. Podemos entrenarnos en la virtud de la fortaleza, y no debemos dejarnos desanimar en caso de que seamos temerosos por naturaleza. La historia de la novicia Blanca de la Force (narrada en la novela de Gertud von Le Fort: “La última del cadalso”) puede alentar a estas almas temerosas, mostrándoles que también ellas pueden ser capaces de actos heroicos.
