Meditaciones sobre el Espíritu Santo: (2/14) “Un corazón puro”

Amado Espíritu Santo, Tú que eres la luz eterna y pura, ven y penetra en nosotros, para que nada quede escondido ante ti; para que ninguna sombra pueda subsistir en nuestra alma; para que la oscuridad retroceda y todo quede inflamado por tu amor. Despiértanos de toda letargia y purifica nuestro corazón, para que pueda amar como Dios ama, como Tú amas; para que Tú y yo estemos unidos hasta lo más íntimo en la alabanza a la gloria de Dios.

leer más

“EL HIJO OS DA LIBERTAD”

“Mientras el hombre no viva en la verdad, no podrá gustar la verdadera libertad” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Sin verdad, no puede haber auténtica libertad. “La verdad os hará libres” –nos dice el Señor en el Evangelio. Sólo el vivir en consonancia con el Padre nos conducirá allí donde habita la verdadera libertad.

leer más

Meditaciones sobre el Espíritu Santo (1/14): “La longanimidad”

“¡Oh Espíritu Santo, Tú, beso del Padre y del Hijo; Tú, dulcísimo y profundísimo beso!” (San Bernardo de Claraval)

Queremos conocerte mejor y aprender a amarte. Por eso, desciende sobre nuestra alma, “como el sol que, de no encontrar obstáculos e impedimentos, lo ilumina todo; como una saeta encendida, que no se detiene por el camino, sino que llega hasta las últimas profundidades que encuentra abiertas, y allí descansa.

leer más

“SOBRE TI AMANECE EL SEÑOR”

“La oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece” (Is 60,2).

¿Acaso estas palabras no describen muy atinadamente la situación actual del mundo, si uno no cierra los ojos a la realidad? ¿La pérdida de la fe no está oscureciendo cada vez más la vida de los pueblos? ¿No ha penetrado la confusión incluso en nuestra Santa Iglesia?

leer más

Diversas formas de obrar del Espíritu Santo

Hch 16,1-10

En aquellos días, Pablo llegó también a Derbe y Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego. Los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él. Pablo quiso llevárselo consigo, pero antes le circuncidó para evitar altercados con los judíos que había por aquellos lugares, pues todos sabían que su padre era griego.

leer más

“NO DEJES INCLINARSE MI CORAZÓN A LA MALDAD”

“Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios; no dejes inclinarse mi corazón a la maldad” (Sal 140,3-4a).

La lengua es “un mundo de iniquidad” (St 3,6) y de nuestro corazón procede el mal (cf. Mt 15,19). Así nos lo dice la Sagrada Escritura, con su incomparable sobriedad y sin rodeos. “¿Quién se da cuenta de sus yerros?” (Sal 18,13).

leer más

“EL AMOR Y LA LEALTAD NO TE ABANDONEN”

“El amor y la lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón” (Prov 3,3).

Las amonestaciones paternales de Dios nos señalan el rumbo. Nunca debemos descuidar el camino de la virtud, y siempre hemos de volver a él si nos hemos desviado aunque sea un ápice. Después de cada derrota hemos de levantarnos de nuevo y retomar el camino. Ésta es la lealtad a la que nos exhorta el Padre Celestial. Recordemos cómo Jesús, en su camino al Calvario, cayó tres veces bajo el peso de la Cruz y –como meditamos en las estaciones del Via-Crucis– volvió a levantarse para consumar la obra que el Padre le había encomendado realizar.

leer más

Permaneced en mi amor

Jn 15,9-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo llegue a plenitud.”

leer más