«Si nuestra religión es realmente la verdad, si el Evangelio es realmente la Palabra de Dios, entonces debemos creer y vivir de acuerdo con ella, aunque fuéramos los únicos » (San Buenaventura).
«Si nuestra religión es realmente la verdad, si el Evangelio es realmente la Palabra de Dios, entonces debemos creer y vivir de acuerdo con ella, aunque fuéramos los únicos » (San Buenaventura).
«Si nuestra religión es realmente la verdad, si el Evangelio es realmente la Palabra de Dios, entonces debemos creer y vivir de acuerdo con ella, aunque fuéramos los únicos » (San Buenaventura).
«Tengo sed, pero una sed tan ardiente de ser amado por los hombres en el Santísimo Sacramento, que esta sed me consume y no encuentro a nadie que se esfuerce por saciarla para corresponder en algún modo a mi amor» (Santa Margarita María Alacoque).
Quienes reciben un encargo especial del Señor no siempre lo tienen fácil. Se les presentan resistencias de todo tipo, a menudo precisamente por parte de las personas más cercanas con las que conviven. Sin embargo, es precisamente en tales circunstancias, cuando los elegidos se aferran a su misión a pesar de todas las dificultades, cuando la obra de Dios fructifica, dejando patente su origen divino.
Así sucedió con santa Margarita María Alacoque, cuya fiesta celebramos hoy según el calendario tradicional.
Nació el 22 de julio de 1647 en Borgoña (Francia). Era la quinta de siete hijos de Claude Alacoque, un notario acomodado, y su esposa, Filiberta Lamyn. A los ocho años quedó huérfana de padre y fue enviada a un internado de clarisas. A los diez años contrajo poliomielitis y permaneció postrada en cama durante cuatro años. Tras hacer un voto de ingresar en una orden religiosa, se curó de forma repentina y milagrosa.
Con alegría, me aventuré a realizar esta serie sobre la vida de los santos para meditarla y sacar provecho de su ejemplo. Pero no sabía lo que me esperaba ni las personas maravillosas que encontraría. En ellas, la vida de Cristo se vuelve tan palpable que ni siquiera merece la pena prestar atención a nuestros propios esfuerzos, que son tan insignificantes en comparación con los que ellos asumieron para seguir al Señor. Así, su brillante ejemplo nos da una lección de humildad.
¡Qué santos y santas tan heroicos han hecho y siguen haciendo brillar la luz de Dios en el mundo! ¡Con qué paciencia y perseverancia siguieron al Señor sin dejarse intimidar por las dificultades que encontraron en su camino! En ellos, el Cordero de Dios ha dejado testigos inolvidables impresos en el firmamento de la Iglesia.
Continuemos con la historia que nuestro Padre nos relata en el Mensaje a la Madre Eugenia para hacernos entender cuán grande es su amor por nosotros, los hombres. Recordemos que se trata de un alma que nunca daba las gracias por los beneficios que Dios le concedía, que lo ofendía, vivía sumida en una red de errores y el pecado mortal se le había vuelto habitual.
Quienes se interesen por el camino interior en el seguimiento de Cristo, pronto se toparán con Santa Teresa de Ávila, proclamada doctora de la Iglesia por el Papa Pablo VI en 1970.
Teresa nació el 28 de marzo de 1515 como la tercera hija del segundo matrimonio de don Alonso Sánchez de Cepeda. Era considerada una niña muy piadosa y sus padres fomentaban esta piedad mediante la lectura de libros apropiados, especialmente sobre la veneración de María y las historias de los santos.
A los dieciséis años, su padre la envió al convento de las agustinas de Ávila para que continuara su formación. Sin embargo, tuvo que abandonarlo a los dieciocho meses por motivos de salud.
«Yo la esperaba» —afirma nuestro Padre en su relato sobre aquella alma que no quería escucharle y que lo ofendía constantemente con su forma de vivir. Aquí se expresa la gran espera de nuestro Padre celestial por todos los hombres, a quienes ha destinado a la comunión eterna con Él. Él espera todo el tiempo, mientras aún no hayamos entrado en la eternidad, donde ya no volveremos a alejarnos de su lado. Solo entonces la espera se consumará en una fiesta de imperturbable alegría. A veces, en esta vida, podemos pregustar algo de esta alegría, pero su plenitud sigue siendo una promesa.
El Mensaje del Padre Celestial a la Madre Eugenia Ravasio tiene como objetivo hacernos conocer mejor a Dios Padre. Uno de los pasajes más conmovedores es cuando cuenta la historia de un alma que le ofendía constantemente con sus pecados y a la que, no obstante, Él acompañó pacientemente hasta la hora de su muerte. Poco antes de expirar, esta persona se arrepintió de la vida que había llevado e invocó al Padre. Solo puedo recomendaros leer este pasaje en su totalidad, pues os permitirá echar una mirada profunda al Corazón de nuestro Padre: https://www.amadopadrecelestial.org/mensaje (páginas 17 y 18).
Hoy celebramos la memoria de un papa de los primeros siglos, cuya historia es muy conmovedora: el Papa Calixto I (*160 †222/223).
Muchos aspectos de su vida siguen siendo desconocidos y la principal fuente de información sobre este papa son sus implacables enemigos, por lo que es posible que algunos datos estén sesgados por la hostilidad hacia él.