El verdadero parentesco de Jesús

Mt 12,46-50 

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”. Jesús le respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: “Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

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El amor de Cristo nos apremia

2Cor 5,14-20 (Lectura opcional para la Fiesta de Santa María Magdalena)

El amor de Cristo nos apremia, persuadidos de que si uno murió por todos, en consecuencia todos murieron. Y murió por todos a fin de que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. De manera que desde ahora no conocemos a nadie según la carne; y si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva criatura: lo viejo pasó, ya ha llegado lo nuevo. Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos confirió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo, sin imputarle sus delitos, y puso en nosotros la palabra de reconciliación. 

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ESCUCHAR LA VOZ DEL CORAZÓN DE DIOS

“Escucha atentamente la voz del Corazón de Dios. Eso es más importante que leer muchas cosas” (Palabra interior).

He aquí una invitación de nuestro Padre Celestial a profundizar en nuestra vida espiritual, porque cada palabra que escuchamos del Señor y movemos en nuestro corazón es capaz de iluminar nuestra alma, darle orientación y fortalecer el vínculo del amor.

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El verdadero Pastor de las naciones

Jer 23,1-6

¡Ay de los pastores que dejan perderse y desparramarse las ovejas de mis pastos! –oráculo del Señor–. Pues esto dice el Señor, Dios de Israel, tocante a los pastores que apacientan a mi pueblo: “Vosotros habéis dispersado mis ovejas, las expulsasteis y no las atendisteis. Pues voy a pediros cuentas por vuestras malas obras –oráculo del Señor–. Yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras a donde las dispersé, las haré tornar a sus pastos, criarán y se multiplicarán. Y pondré al frente de ellas pastores que las apacienten; ya no temerán ni se espantarán, y ninguna se perderá –oráculo del Señor–.

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El Reino de Dios

 

Mt 12,14-21

En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra él para eliminarlo. Jesús, al saberlo, se retiró de allí. Le siguió una gran muchedumbre, y los curó a todos. Luego les mandó enérgicamente que no le descubrieran, para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías: “Éste es mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien me complazco. Pondré mi espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: en su nombre pondrán las naciones su esperanza.”

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La amistad entre Dios y Ezequías

Is 38,1-6.21-22.7-8

En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle: “Esto dice Yahvé: Haz testamento, porque vas a morir, no vivirás.” Ezequías volvió su rostro a la pared y oró a Yahvé. Dijo: “¡Ah, Yahvé! Dígnate recordar que me he conducido en tu presencia con fidelidad y corazón perfecto, haciendo lo que tú consideras correcto.” Después Ezequías estalló en un copioso llanto. Entonces le fue dirigida a Isaías la palabra de Yahvé en estos términos: “Ve y di a Ezequías: Esto dice Yahvé, Dios de tu padre David: He oído tu plegaria, he visto tus lágrimas y he decidido curarte. Dentro de tres meses subirás al templo de Yahvé. Añadiré quince años a tus días. Te libraré a ti y a esta ciudad de la mano del rey de Asiria, y ampararé a esta ciudad.”

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La senda del justo es recta

Is 26,7-9.12.16-19

La senda del justo es recta; tú allanas la senda del justo. Echamos de menos, Yahvé, tu forma de hacer justicia; tu nombre y tu recuerdo son la añoranza de mi vida. Mi ser te anhela de noche, mi espíritu madruga por buscarte, porque cuando tus juicios se ejercen sobre la tierra, los habitantes del mundo aprenden la justicia. Señor, tú nos aseguras la paz, porque eres tú el que realiza por nosotros todo lo que nosotros hacemos. Yahvé, en el aprieto te buscamos, cuando más nos oprimía tu castigo: como cuando una mujer encinta sufre al acercarse el parto y se queja entre dolores, eso parecíamos ante ti, Yahvé.

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