Octava Meditación de Navidad – “La Madre de Dios”  

Si, al iniciar el año, ponemos nuestra mirada en la Madre del Señor, tal como la Iglesia nos insta a hacerlo, entonces todo se esclarece, a pesar de las nubes oscuras que actualmente se ciernen sobre el mundo.

Todo se esclarece, porque Tú, oh María, fuiste elegida como hija del género humano. Tú no solamente diste a luz al Hijo de Dios; sino que también lo seguiste como discípula. Así, el Señor te incluyó de forma especial en el plan de la salvación. Esto nos da esperanza, porque nuestro Padre, que te confió a su Unigénito, te convirtió también en Madre de la humanidad redimida.

Por eso, al finalizar la Octava de Navidad y al iniciar el  nuevo año, nos dirigimos a Ti, oh Madre de este Amado Niño, y ponemos en tu corazón a todos los hombres.

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Séptima Meditación de Navidad – “Tu luz ahuyentará las tinieblas”  

Amado Niño, ya casi hemos llegado al final de estas meditaciones de Navidad, y también el año está a punto de culminar.

Amado Señor, ha sido un año tan extraño e incluso absurdo para muchas personas… ¿A quién podrán dirigirse si no a Ti, que incluso en tiempos tan confusos estás presente, y quizá de forma especial cuando ves la necesidad y angustia de las personas?

¿Qué quieres darnos a entender a través de los acontecimientos de este año? Amado Niño Jesús, habría tanto que decir al respecto, pero un mensaje es seguro: Aunque todo empiece a tambalear, Tú eres y seguirás siendo el mismo. Tampoco ha cambiado el mensaje de la Navidad: ¡Alegraos, Cristo ha nacido! (cf. Lc 2,10-11)

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Sexta Meditación de Navidad – “Nada podrá separarnos de Tu amor”  

Apenas habías llegado al mundo, oh Divino Niño, cuando Tus padres tuvieron que huir contigo a Egipto. Es admirable la obediencia de Tu padre adoptivo, San José, al partir de inmediato en cuanto hubo recibido esta orden en un sueño (Mt 2,13-14).

El esfuerzo, las fatigas y adversidades, el sufrimiento y la muerte caracterizan este mundo como consecuencia del pecado, y estaríamos para siempre perdidos si no fuera porque Tú viniste a nosotros y nos trajiste la luz de la esperanza.

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Quinta Meditación de Navidad – “Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu Pueblo Israel”  

Como judíos fieles a la Ley del Señor, a los ocho días de Tu Nacimiento Tus padres te circuncidaron y te pusieron el nombre de Jesús, el Salvador (Lc 2,21).

Cuando, cuarenta días después, te llevaron al Templo para presentarte al Señor, te encontraste con Simeón, uno de los fieles de Tu Pueblo (Lc 2,22-25). El Espíritu Santo le había revelado que no moriría antes de haberte visto. ¡Y así sucedió! Lleno del Espíritu Santo y tomándote en Sus brazos, pronunció sobre Ti aquellas inolvidables palabras:

“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos; luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” (Lc 2,29-32).

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Cuarta Meditación de Navidad – “No has venido a un paraíso”

Amado Niño, podríamos exultar de gozo sin cesar, especialmente cuando miramos a Tu incomparable Madre y a San José…

¡Qué calidez rodea a la Sagrada Familia! Con su humanidad, impregnada por el Espíritu de Dios, santifica al núcleo de la sociedad humana: la familia.

¿Cómo se habrán sentido María y José, teniéndote entre ellos y comprendiendo quién es Aquél que les había sido encomendado?

¡Qué gracia! ¡Qué elección! ¡Qué confianza depositó el Padre en María y en José! ¡Qué constante deleite es para ellos Tu presencia! Y a ti mismo, ¡en qué manos tan buenas te ha puesto Tu Padre!

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Tercera Meditación de Navidad – “Mi corazón quiero entregarte”

Tú quisiste escoger personas sencillas: eran pastores (Lc 2,8-20). Tú, Amado Niño, amas la sencillez. En un corazón sencillo Tú puedes entrar más fácilmente.

Y Tú también nos haces sencillos. No hace falta saberlo todo de inmediato. Más importante es dejar arder Tu amor en nosotros y apresurarnos como los pastores a transmitir la Buena Nueva.

¡Tú estás aquí! ¡Realmente has venido! Desde hace tanto tiempo habías sido anunciado y anhelado. Pero ahora nos corresponde captar esta realidad, pues en Ti vemos la gloria del Unigénito del Padre (Jn 1,14). ¡Esta gloria resplandece en Ti, amado Niño! Cuando Tú nos abres los ojos de la fe, la descubrimos.

Cuando Tu amor toca nuestro corazón, todo se vuelve sencillo. Entonces podemos simplemente decir a las otras personas: “Mirad, un hermoso Niño yace en el pesebre, junto a un asno y un buey.”

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Segunda Meditación de Navidad – “Ángeles y hombres”  

“Gloria cantan los querubes en los campos de Belén…”

Tú no solamente eres la alegría de Israel y de la humanidad entera; sino también la de los ángeles, nuestros amigos del cielo.

¡Cómo os habréis regocijado, amados ángeles, cuando reconocisteis en la luz de Dios Su inmensa Sabiduría al escoger este camino de salvación!

Vuestros cantos de júbilo resuenan de nuevo en nuestros corazones: “¡Gloria a Dios en las alturas!” (Lc 2,14)

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Primera Meditación de Navidad – “Jesús, revelación del amor del Padre”    

¡Ahora estás aquí, Niño Divino!

¿Qué te movió a venir donde nosotros, a un mundo tan hostil?

La razón sólo puede estar en Tu inconmensurable amor a nuestro Padre Celestial, y en Tu infinito amor a nosotros, los hombres.

¿Quién puede comprenderlo?

¡Yo simplemente lo creo y puedo percibirlo en Tu sonrisa!

Veo cómo abres tus brazos y es como si nos dijeras: “Venid, olvidad la pena y la aflicción, que se desvanezcan las preocupaciones de la vida! ¡Yo estoy aquí!”

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EL CAMINO DE ADVIENTO – Día 25: “Un Niño nos nacerá”

“Un Niño nos nacerá: lo llamarán ‘Dios Fuerte’” (cf. Is 9,5).
“En Él, se bendecirán todas las naciones de la tierra” (cf. Gen 22,18).

En realidad, aun sin saberlo, todos los hombres lo esperan,
porque para Él hemos sido creados.

En realidad, aun sin saberlo, todos los hombres lo buscan,
porque Él ha depositado este anhelo en sus corazones.

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