CARTA A LOS FILIPENSES: “Introducción”          

Tras la serie sobre Santa Juana de Arco, seguida de dos meditaciones alusivas a las respectivas fiestas litúrgicas de los dos últimos días, me gustaría volver a meditar sistemáticamente otro libro del Nuevo Testamento. En esta ocasión, será la Epístola a los Filipenses. Su autor es san Pablo, nuestro querido apóstol, a quien tanto debemos en lo que respecta a la difusión del Evangelio. Fue un obrero incansable en la viña del Señor y, como él mismo atestigua, trabajó más que los demás apóstoles (1Cor 15,10).

Desde mi conversión, tengo un afecto especial por este gran apóstol. Son muchos los aspectos que me impresionan profundamente de él y por los que le estoy muy agradecido. En primer lugar, destaca su extraordinaria conversión (Hch 9,1-9), pasando de ser perseguidor de Cristo a pregonero de su mensaje de salvación. También me conmueve la radicalidad con la que sometió toda su vida a la obediencia a Cristo. Además, es un gran ejemplo a seguir por la perseverancia que mostró en la predicación del Evangelio y en la edificación de las primeras comunidades cristianas. Sabemos por su propia boca cuántas pesadas cargas tuvo que soportar (2Cor 11,23-27), y nos conmueve la magnitud de su amor al Señor para soportar todas esas tribulaciones sin rendirse.

leer más

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús: “El amor de Jesús”          

Mt 11,25-30

Por aquel entonces, tomó Jesús la palabra y dijo: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a gente sencilla. Sí, Padre, pues tal ha sido tu decisión. Mi Padre me ha entregado todo, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre; ni al Padre le conoce nadie, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os proporcionaré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.”

Hoy la Iglesia quiere mostrarnos de forma particular el amor de nuestro Redentor. La veneración del Sagrado Corazón de Jesús, cuya Fiesta Litúrgica celebramos hoy, se difundió en la Iglesia a través de una revelación privada. Jesús se apareció a Santa Margarita María Alacoque y le dijo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres”.

leer más

Fiesta de San Bernabé, Apóstol: “Fidelidad al Señor y a su Iglesia”  

Hch 11,21b-26.13,1-3

En aquellos días, muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud se adhirió al Señor. Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo,
y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de “cristianos”. En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado”. Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
leer más

Solemnidad de la Ascensión del Señor: “Jesús vuelve al Padre”  

Los cuarenta días durante los cuales el Resucitado había instruido a sus discípulos y les había introducido aún más profundamente en su misión han llegado a su fin. Para el Señor llega la hora de regresar a su Padre en toda su gloria. Ha culminado la obra que Él le había encomendado realizar en la tierra y ha colocado los cimientos para que el mensaje de la salvación sea anunciado en todo el mundo. No hay nada más importante que el cumplimiento de la misión que el Señor encomendó a sus apóstoles para que los hombres lleguen a conocer al Redentor de todos los pueblos y le sigan. Jesús es el único camino al Padre (Jn 14,6).

Durante los últimos días, las lecturas y el Evangelio nos han hablado una y otra vez del Espíritu Santo, absolutamente indispensable para la expansión auténtica del Evangelio. Sin Él, el fuego del amor se apagaría pronto y la verdad sería sustituida por fábulas humanas y engaños de los ángeles caídos. Hoy, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, escuchamos el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que narra este acontecimiento:

Hch 1,1-12

Escribí el primer  libro, querido Teófilo, sobre todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por el Espíritu Santo a los apóstoles que él había elegido, fue elevado al cielo. También después de su Pasión, él se presentó vivo ante ellos con muchas pruebas: se les apareció durante cuarenta días y les habló de lo referente al Reino de Dios. Mientras estaba a la mesa con ellos les mandó no ausentarse de Jerusalén, sino esperar la promesa del Padre: “La que oísteis de mis labios: que Juan bautizó con agua; vosotros, en cambio, seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”.

leer más

Oración al Espíritu Santo

Jn 16,12-15

Jesús dijo a sus discípulos: “Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que va a venir. Él me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso dije: ‘Recibe de lo mío y os lo anunciará’.”

Estando todavía en la Tierra con sus discípulos, el Señor no les confió todo, sabiendo que antes era preciso enviarles el Espíritu Santo, tanto para que pudiesen comprender las cosas como también para que fuesen fortalecidos para ponerlas en práctica.

Así, el Señor guía a su Iglesia a través del tiempo y le permite reconocer cada vez mejor su revelación a través del Espíritu Santo.

leer más

Pecado, justicia y juicio

Jn 16,5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pero ahora me voy donde aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿Adónde vas?’ Es que, por haberos dicho esto, estáis embargados de tristeza. Pero yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque, si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio. En lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; y en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo ya está juzgado.”

Escuchamos hoy nuevamente una de esas afirmaciones del Señor que los discípulos primero deben aprender a comprender. Su corazón está lleno de tristeza, pero ninguno de ellos se atreve a preguntar adónde Jesús piensa ir. Tal vez temen una respuesta que incremente aún más el dolor en el que están inmersos.

leer más

La eficacia del Espíritu Santo

Jn 15,26-27.16,1-4a

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he dicho todo esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas; más aún: llega la hora en la que todo el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto os lo harán porque no han conocido a mi Padre, ni a mí. Pero os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora os acordéis de que ya os las había anunciado.”

La doctrina de la Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es enviado por el Padre y por el Hijo. Como sugiere la lectura de hoy, su tarea consiste en recordarnos lo que Jesús dijo e hizo; es decir, dar testimonio de Él.

Y no nos recuerda las palabras de Jesús simplemente a nivel de nuestra memoria y entendimiento; sino que las actualiza y las vivifica. Así, se nos revela más plenamente el sentido de sus palabras, y el Espíritu Santo nos dará a entender lo que Jesús quiso decir en ellas.

leer más

El Espíritu de la verdad

El evangelio de hoy nos invita a meditar una vez más sobre el Espíritu Santo.

Jn 14,15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y estará con vosotros y estará en vosotros. No os dejará huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los lleva a la práctica, ése es el que me ama; y el que me ame será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.”

Este Paráclito que el Señor promete enviar es el Espíritu Santo. Es Él quien habita en nosotros, quien nos ilumina y nos fortalece, quien nos conduce hacia la santifidad e impulsa a la Iglesia para que anuncie el Evangelio de forma debida.

leer más

El verdadero guía de la misión

Tras haber reflexionado en las tres últimas meditaciones sobre la vocación de un verdadero pastor en la Iglesia, especialmente la de san Pedro y sus sucesores como pastores supremos del rebaño de Cristo, conviene meditar sobre el siguiente pasaje de los Hechos de los Apóstoles, en el que se reconoce claramente al Espíritu Santo como guía de la misión de la Iglesia.

Hch 16,1-10

En aquellos días, Pablo llegó a Derbe y Listra, donde había un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de mujer judía creyente y de padre griego, que contaba con el testimonio de los hermanos de Listra e Iconio. Pablo quiso que marchara con él. Se lo trajo y le circuncidó a causa de los judíos de aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego. Conforme atravesaban las ciudades, les entregaban, para que las observasen, las decisiones dictadas por los apóstoles y los presbíteros de Jerusalén. Las iglesias se robustecían en la fe y aumentaban en número día a día. Atravesaron Frigia y la región de Galacia, porque el Espíritu Santo les había impedido predicar la palabra en Asia. Llegados cerca de Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Entonces atravesaron Misia y bajaron hasta Tróade. Esa noche Pablo tuvo una visión: un macedonio estaba de pie y le suplicaba diciendo: ‘Ven a Macedonia y ayúdanos’. En cuanto tuvo la visión, intentamos inmediatamente pasar a Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el Evangelio.

leer más

Apacienta mis ovejas

En este maravilloso tiempo que se extiende entre la Resurrección del Señor, su Ascensión al Cielo y el descenso del Espíritu Santo, queremos profundizar en el tema de la Iglesia. Sin duda, durante esos cuarenta días el Señor preparó intensamente a sus discípulos para lo que les sobrevendría, les hizo partícipes de sus planes salvíficos –en la medida en que ellos podían comprenderlos en aquel momento– y les trazó el camino a seguir. Una de sus indicaciones esenciales queda patente en el siguiente pasaje del Evangelio:

Jn 21,15-19

Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Apacienta mis corderos”. Volvió a preguntarle por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Pastorea mis ovejas”. Le preguntó por tercera vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: “¿Me quieres?”, y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero”. Le dijo Jesús: “Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo y te ibas adonde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará adonde no quieras” -esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: “Sígueme”. leer más