«Yo lucho dentro de ti y soy tu resistencia. El tormento que experimentas en el combate lo troco en oro para tu beneficio y el de todos aquellos que necesitan ser liberados de esta plaga» (Palabra interior).
La frase de hoy quiere animarnos a resistir, con la ayuda de Dios, en los diversos combates a los que nos enfrentamos. Nuestro Padre celestial puede permitir que nos sobrevengan fuertes tentaciones o circunstancias que nos resultan difíciles de comprender. Posiblemente, estas luchas y las derrotas que a veces experimentamos nos desaniman. Sin embargo, Dios lucha dentro de nosotros y es nuestra resistencia. Santa Catalina de Siena escuchó una frase similar por parte del Señor tras haber sufrido terribles tentaciones contra la pureza. Dios la consoló y le hizo entender que había sido Él mismo quien había obrado en su corazón la repugnancia a la impureza. Así, sus luchas sirvieron para liberar a otros del yugo de esta plaga.
El Señor convierte en oro cada lucha y cada resistencia que le ofrecemos junto con el sufrimiento asociado a ellas. Es un oro que nunca se devalúa y que perdura para la vida eterna. La sabiduría de nuestro Padre se vale de él para socorrer a otras personas.
En las fuertes tentaciones, debemos invocar a nuestro Padre. En lo más profundo de nuestro corazón, su presencia se opondrá a los poderes que nos tientan y fortalecerá nuestra voluntad para que podamos unir nuestra resistencia a la suya. Esto puede suponer un gran esfuerzo para nosotros. Pero eso hará que el oro sea aún más valioso y nuestra cooperación más meritoria. Podemos estar seguros de que Dios no permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas (cf. 1Cor 10,13). Él mismo nos fortalece y nos permite acumular méritos para que cooperemos en la liberación de otras personas.
¡Así es nuestro Padre!
