VENGA TU REINO (II)

“Venga a nosotros tu Reino” (Mt 6,10).

El Reino de nuestro Padre está lleno de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo (cf. Rom 14,17). Ya aquí, en nuestra vida terrenal, pueden hacerse realidad estas aspiraciones, porque, como decimos en el Padre Nuestro, el Reino de Dios ha de venir a la tierra como es en el cielo.

Cuando Dios ejerza su dominio, entonces, como dicen las Escrituras, Él “juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará la espada nación contra nación, ni se ejercitarán más para la guerra” (Is 2,4).

Recordemos que, al ser interrogado por Pilato, Jesús declaró:  “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Jn 18,36).

Entonces, el Reino de Dios es distinto. Cuando rezamos para que venga, nos referimos a este Reino, que parece tan inalcanzable cuando observamos la situación actual del mundo. Sin embargo, en el Mensaje a la Madre Eugenia, nuestro Padre nos da una clara pauta sobre cómo puede llegar a nosotros su Reino de paz:

“Si toda la humanidad me invoca y me honra, haré que el espíritu de paz descienda sobre ella como rocío reconfortante. Si todas las naciones me invocan y me honran, ya no habrá conflictos ni guerras, porque yo soy el Dios de la paz, y allí donde yo esté, no habrá guerra.”

Por tanto, no es imposible que el Reino de Dios se extienda en la tierra. Hay un camino concreto que el Padre nos ha revelado en su Hijo. Por eso, ¡no perdamos la esperanza!