“UN AYUNO GRATO A TUS OJOS”  

«Con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas (…) a dominar nuestro orgullo, e imitar así tu generosidad compartiendo nuestros bienes con los necesitados» (Prefacio de Cuaresma).

A través del profeta Isaías, amado Padre, nos dejas muy claro en qué consiste un verdadero ayuno. Tú aborreces toda injusticia y te horroriza que alguien sea capaz de perjudicar a quien ya de por sí tiene poco. El santo ayuno incluso puede pervertirse cuando se practica simplemente porque goza de prestigio en una sociedad religiosa –como era el caso del pueblo judío en el pasado– pero se le despoja de su sentido más profundo.

La frase de hoy, tomada de uno de los prefacios de Cuaresma, nos muestra cuál es el sentido profundo del ayuno: debe ayudarnos a superar nuestro egocentrismo, a dejar atrás las preocupaciones innecesarias por nuestro propio bienestar y, en su lugar, a abrir los ojos a las necesidades de quienes estamos llamados a ayudar.

En realidad, amado Padre, el ayuno voluntario es una práctica maravillosa. Nos enseña a recibir con mayor gratitud los dones que nos concedes a diario. Puede recordarnos cuán diligentemente cuidas de nosotros en todos los ámbitos de nuestra existencia. Precisamente eso es lo que también nosotros queremos hacer en el lugar donde tú nos has colocado, cuidando de aquellos que nos has confiado. En efecto, no solo la pobreza material aflige a las personas, sino todo tipo de necesidades.

Hay tantos pobres en el mundo, y no nos referimos solo a los que carecen de bienes materiales. También están aquellos que carecen de amor, los que aún no te conocen… Por todos ellos podemos ofrecerte nuestros pequeños sacrificios, interceder por ellos en la oración y así pensar más en ellos que en nosotros mismos.

Creo que este tipo de ayuno te complacerá sobremanera: abrir el corazón a quienes quieres atraer hacia ti. Tú nos mostrarás qué más podemos hacer por ellos. Por eso, en este tiempo de Cuaresma, tratamos de salir de la rutina diaria y, con el ayuno, creamos un espacio en el que tú tendrás cabida. ¡Te pedimos que entres!