TU SELLO EN MI CORAZÓN

 

Amado Padre, nos hemos puesto en camino para obtener un corazón puro. De hecho, Tú quieres concedérnoslo, pero también debemos poner de nuestra parte. No deseamos otra cosa que, tras haber oído la palabra de la verdad, el Evangelio de la vida, y habiendo creído, ser sellados por el Espíritu prometido (cf. Ef 1,13).

A este Espíritu Santo, que Tú nos has enviado junto con tu Hijo, lo imprimo como sello en mi corazón, para que éste no vuelva a apartarse de Ti ni en lo más mínimo. ¡Que este sello me recuerde que te pertenezco, amado Dios, y que me lo traiga siempre a la memoria para que mi corazón se regocije y se someta de buen grado al yugo de tu amor!

Sin duda, mi corazón aún debe ser educado y profundamente purificado. A menudo es necio, se deja seducir, se queda dormido y se entretiene con cosas que, en realidad, no son importantes. Pero, ya que Tú, oh Espíritu Santo, estás presente en él, me exhortas a seguir mi camino sin dilación y me haces sentir el vacío de las cosas pasajeras.

Tu sello en mi corazón supone un gran tesoro para mí, ya que es el garante de que no me abandonarás a merced de mí mismo y de mis inclinaciones, porque yo te pertenezco. Tú cuidas con sumo esmero de tu propiedad, porque es muy valiosa para ti. Al mismo tiempo, me enseñas a que yo también cuide de tu propiedad, mi corazón, y no lo exponga a peligros innecesarios. Tú quieres convertir mi corazón en un templo del amor divino.

Así, amado Espíritu Santo, te pongo cual sello sobre mi corazón, de modo que ni las grandes aguas puedan apagar el amor (cf. Ct 8,6-7).