«Todo lo que tenemos en esta vida nos ha sido dado para nuestro uso y encomendado como préstamo» (Santa Catalina de Siena).
Es una frase de gran importancia, ya que nos recuerda que todo lo que tenemos procede de nuestro Padre, a quien pertenece nuestra vida y todo lo que forma parte de ella. Sin embargo, como seres humanos, corremos el peligro de apropiarnos de las cosas, como si procedieran de nosotros mismos. La consecuencia es que colocamos fácilmente a Dios en un segundo plano, dando el primer lugar a nuestros propios logros y cualidades. Estos incluso pueden convertirse en nuestro supuesto «tesoro». Así, puede suceder que no dejemos traslucir suficientemente la presencia de Dios en nuestra vida y que, por tanto, se debilite nuestro testimonio, cuya primera tarea consiste en glorificar a Dios.
¡Cuánto cambian las cosas cuando ponemos en práctica la frase de hoy! Nos volvemos agradecidos con Dios por todo lo que hemos recibido. Al mismo tiempo, nos ayuda a olvidarnos de nosotros mismos en lugar de caer en una especie de autoadmiración o autorrealización. Así, la interiorización de esta frase se convierte en una escuela de verdadera humildad. Y la humildad se somete a la verdad, porque, en efecto, todo nos ha sido dado, tal y como lo expresó Santa Catalina de Siena.
La frase de hoy también nos conduce a la verdadera libertad de los hijos de Dios, cuya mayor preocupación es que el Padre celestial se glorifique en sus vidas. Si consideramos nuestra vida como un préstamo y la vivimos con suma vigilancia, entonces se la entregaremos de buen grado a nuestro Padre y no la poseeremos para nosotros mismos. Entonces, cada día se convierte en un paso de entrega a Dios, y en ella radica nuestra libertad.
Como nuestro Padre nos invita a decir en el Mensaje a sor Eugenia Ravasio: «Vengo de Dios, mi Padre; a Él retorno, solo a Él le pertenezco».
