Los relatos del Evangelio lo confirman una y otra vez: ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos! ¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya! Este grito de júbilo resuena en toda la cristiandad y le da esperanza, esperanza aun en tiempos sombríos, cuando ésta parece desvanecerse, pues la Resurrección de Cristo es el signo visible de su victoria sobre el infierno y la muerte:
«¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, infierno, tu aguijón?» (1 Cor 15,55).
Este clamor no debe enmudecer jamás, sino que ha de infundir ánimo a los corazones abatidos y atravesar todas las tinieblas. ¡El Señor ha resucitado!
El Evangelio que se proclama hoy siguiendo el leccionario tradicional (Jn 20,1-9) nos conduce de vuelta donde los discípulos en la mañana del primer día de la semana. Todavía tenían que recorrer un camino hasta comprender lo sucedido en aquella noche de Resurrección. Todavía estaban a oscuras, consternados y de luto por la muerte de su Señor. ¿Qué pasará ahora después de su muerte? Jesús yacía en el sepulcro, al menos eso creían.
Luego María Magdalena los sorprendió con la noticia de que el sepulcro estaba vacío (Jn 20,2). Pero aún no podían comprender lo que eso significaba.
Pedro y Juan corrieron al sepulcro. El Evangelio especifica que Juan llegó primero y vio los lienzos, pero no entró en la tumba. Cuando Pedro entró, vio que el sudario estaba en otro sitio. Entonces también Juan entró en el sepulcro y –como dice el Evangelio– “vio y creyó”.
Con su corazón amante, Juan habrá empezado a comprender, aunque aún no se le desvelara la realidad completa de la Resurrección a partir del testimonio de la Escritura. Pero su corazón ya lo intuía y tal vez incluso lo sabía. Juan veía con el corazón, y el verdadero amor a menudo es más rápido que el entendimiento. Tiene un «acceso directo» a la realidad, mientras que la razón suele necesitar un proceso más largo.
¿Qué habrá pasado en el interior de los dos discípulos? ¿Habrán vuelto a casa con algo más que una tímida esperanza y se la habrán transmitido a los demás? Tal vez la luz que había comenzado a brillar en el corazón de Juan contagió también a Pedro, pues éste había visto y creído primero.
En todo caso, los dos discípulos ya habían entrado en contacto con el acontecimiento de la Resurrección. Habían visto el sepulcro vacío, los lienzos y el sudario. Pero, ¿dónde estaría su Señor? ¿Y qué significaba todo ello?
Muy pronto Jesús mismo les dará la certeza, mostrándose a ellos y comunicándoles así la luz del conocimiento. Entonces los convertirá en testigos de su resurrección y llevarán este mensaje a otras personas para que crean y se salven. ¡Muy pronto lo hará y no tardará, porque todos los hombres han de enterarse de que su Redentor ha vencido a la muerte y al diablo, y asumido el reinado del amor y de la verdad!
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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/sabado-de-la-octava-de-pascua-obedecer-a-dios-antes-que-a-los-hombres/
Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/la-fe-concreta-y-aplicada-2/
