“PERSEVERAR EN LA ORACIÓN”

«Aunque parezca que no sirve de nada, no debemos abandonar la oración por las distracciones o la inquietud de espíritu que experimentemos. Quien persevera durante todo el tiempo que se ha propuesto orar y llama suavemente a su espíritu para que vuelva una y otra vez al objeto de su oración, obtendrá gran provecho» (San Felipe Neri).

Sin duda, es molesto cuando intentamos orar con recogimiento y sufrimos constantes distracciones. Nos referimos aquí a las distracciones involuntarias que suelen acecharnos en cuanto intentamos entrar en recogimiento interior. San Felipe Neri nos da el excelente consejo de no abandonar la oración bajo ningún concepto, aunque nos parezca inútil. La tentación es empezar a descuidarla cuando parece que no nos aporta ningún beneficio. Sin embargo, a la larga, esto tiene graves consecuencias espirituales, ya que el alma deja de recibir el alimento que la une más profundamente a Dios.

Nuestro Padre permite que suframos estas distracciones e inquietud de espíritu. Puesto que sabemos que Él siempre tiene en mente nuestro crecimiento espiritual, podemos estar seguros de que incluso estas molestias en la oración servirán para nuestro bien. El Padre nos llama a fijar nuestra mirada en Él. Si entendemos la oración como el «gran diálogo con Dios», no la interrumpiremos antes de tiempo, sino que la llevaremos a término incluso en estas circunstancias difíciles. Así, incluso la oración distraída puede convertirse en un gesto de amor y fidelidad.

Quizá nos ayude considerar que, si nos hemos entregado por completo a nuestro Padre, también nuestra oración le pertenece de manera especial. Si la reducimos o la descuidamos de forma prolongada, se la estaríamos quitando a nuestro amado Padre, por así decirlo, y nos la estaríamos apropiando.

Por tanto, sigamos el consejo de san Felipe Neri y llamemos suavemente a nuestro espíritu —¡qué manera tan hermosa!— para que vuelva una y otra vez al objeto de la oración.