
Podría resultarnos difícil imaginar que una crisis como esta pandemia pueda ser utilizada de diversas maneras por poderes malignos, para erigir posibles estructuras de poder que controlen a la humanidad y la conduzcan de acuerdo a sus planes.

Podría resultarnos difícil imaginar que una crisis como esta pandemia pueda ser utilizada de diversas maneras por poderes malignos, para erigir posibles estructuras de poder que controlen a la humanidad y la conduzcan de acuerdo a sus planes.

Antes de entrar en la última etapa de preparación para Pentecostés, en la cual nos enfocaremos en la Persona del Espíritu Santo, quisiera tocar el tema de un escrito, que hace pocos días fue publicado y firmado por varios cardenales y obispos, así como por científicos y otros profesionales. Dicho escrito, titulado Veritas liberabit vos (“La verdad os hará libres”), ha recibido bastante atención y ha provocado discusión. El autor del texto es el Arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio de los Estados Unidos.

Jn 14,21-26
Jesús dijo a sus discípulos: “El que tiene mis mandamientos y los lleva a la práctica, ése es el que me ama; y el que me ama será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.”

Del evangelio de hoy, leeremos solamente la segunda parte, pues los primeros versículos son los mismos que hemos leído los últimos dos días…
Jn 14,7-14
Jesús dijo a sus discípulos: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.” Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta.” Respondió Jesús: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?

Hoy empezaremos escuchando nuevamente el evangelio de ayer, para retomar el tema…
Jn 14,1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y ya sabéis el camino adonde yo voy.” Le dijo Tomás: “Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” Respondió Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”

Jn 14,1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y ya sabéis el camino adonde yo voy.” Le dijo Tomás: “Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” Respondió Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”

Hch 13,13-25
Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Pero Juan se separó de ellos y se volvió a Jerusalén, mientras que ellos, partiendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: “Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.”

Jn 12,44-50
En aquel tiempo, Jesús gritó diciendo: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga entre tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no es capaz de guardarlas, yo no le juzgo, pues no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.

Jn 10,22-30
Se celebraba por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Los judíos lo rodearon y le preguntaron: “¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.” Jesús les respondió: “Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.”
