Comienza ahora la misión de Santa Juana de Arco a la cabeza de las tropas francesas.
Su sola presencia les mostraba a los soldados y oficiales que Dios intervendría concretamente en la situación de Francia. Así, la población y los combatientes recobraron el ánimo y la valentía, y creyeron en la misión de la Doncella.
Hoy, 16 de mayo, celebramos el centenario de la canonización de Santa Juana de Arco. Para nosotros, que preparamos estas meditaciones diarias, ésta es una gran fiesta, porque estamos muy unidos a esta santa, de muchas maneras. Por tanto, queremos dedicarle a ella las meditaciones de los próximos tres días. Habría mucho que contar, porque Santa Juana, la Doncella de Orléans, es la persona mejor docuemntada de la Edad Media. ¡Su misión es más que extraordinaria! Esperamos con ello también glorificar a Dios, nuestro Padre, quien tanto agració a esta Doncella, que, por desgracia, a menudo es incomprendida. Además, estamos convencidos de que la misión de Santa Juana de Arco es de gran importancia, especialmente en nuestros tiempos difíciles:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
La última parte del escrito Veritas liberabit vos, firmado por varios cardenales, obispos y seglares de diversas profesiones, hace alusión a la libertad de la Iglesia. Los signatarios señalan claramente el derecho de la Iglesia de regular autónomamente la vida sacramental, sin interferencia de las autoridades civiles. Así dice el escrito:
“Recordemos, para terminar, como Pastores a quienes se ha encomendado la importante misión de guiar la grey de Cristo, que la Iglesia reivindica con firmeza su propia autonomía de gobierno, de culto y de predicación. Dicha autonomía y libertad son un derecho de nacimiento que le concedió Nuestro Señor Jesucristo para que cumpla las finalidades que le corresponden. leer más
Podría resultarnos difícil imaginar que una crisis como esta pandemia pueda ser utilizada de diversas maneras por poderes malignos, para erigir posibles estructuras de poder que controlen a la humanidad y la conduzcan de acuerdo a sus planes.
Antes de entrar en la última etapa de preparación para Pentecostés, en la cual nos enfocaremos en la Persona del Espíritu Santo, quisiera tocar el tema de un escrito, que hace pocos días fue publicado y firmado por varios cardenales y obispos, así como por científicos y otros profesionales. Dicho escrito, titulado Veritas liberabit vos (“La verdad os hará libres”), ha recibido bastante atención y ha provocado discusión. El autor del texto es el Arzobispo Carlo Maria Viganò, ex nuncio de los Estados Unidos.
Jesús dijo a sus discípulos: “El que tiene mis mandamientos y los lleva a la práctica, ése es el que me ama; y el que me ama será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.”
Del evangelio de hoy, leeremos solamente la segunda parte, pues los primeros versículos son los mismos que hemos leído los últimos dos días…
Jn 14,7-14
Jesús dijo a sus discípulos: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.” Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta.” Respondió Jesús: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?
Hoy empezaremos escuchando nuevamente el evangelio de ayer, para retomar el tema…
Jn 14,1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y ya sabéis el camino adonde yo voy.” Le dijo Tomás: “Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” Respondió Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, no os habría dicho que voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y ya sabéis el camino adonde yo voy.” Le dijo Tomás: “Señor, no sabemos adónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?” Respondió Jesús: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.”