Tras reflexionar sobre la figura de san José en el marco de nuestro itinerario cuaresmal, escuchamos hoy, tanto en la lectura (1Re 17, 17-24) como en el evangelio (Jn 11,1-45), el relato de la resurrección de un muerto. En el primer caso, se trata del profeta Elías, que resucita al hijo de la viuda que lo había acogido. Este milagro convenció plenamente a la viuda de que Elías era un profeta: «Ahora sé que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor está en tu boca» (v. 24).
Así, se hizo realidad lo que debe suceder a raíz de un milagro así: la fe en la obra de Dios. Efectivamente, se podría decir que la resurrección de un muerto es la prueba visible de que Dios es el dueño de la vida y de la muerte, y de que solo un hombre que le pertenece puede obrar un milagro de tal magnitud. Sin embargo, por desgracia, no todos llegan a esta conclusión, como tenemos que constatar con dolor en diversos pasajes del Evangelio. leer más
