MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “La oración del corazón”  

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“Orad en todo tiempo movidos por el Espíritu” (Ef 6,18).

Estamos llegando al final de los consejos de San Pablo para el combate espiritual. Sin duda, todos los creyentes saben cuán esencial es la oración, sin la cual no puede haber vida espiritual. Si descuidamos la oración, siempre corremos el peligro de que las tentaciones nos venzan más fácilmente, de que aumenten las distracciones y de que la seducción del mundo tenga mayor influencia sobre nosotros. Entonces también somos más débiles y susceptibles a la hora de librar el combate que nos ha sido encomendado con las armas correspondientes.

Si, por el contrario, aprovechamos las ocasiones que nos brinda el Señor para orar, nuestra alma estará preparada y será dócil a la guía del Espíritu Santo. Por medio de la oración, seremos capaces de conquistar fortalezas con el Señor.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “El escudo de la fe y la espada de la Palabra”  

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“Tomad en todo momento el escudo de la fe, con el que podáis apagar los dardos encendidos del Maligno” (Ef 6,16).

El entrenamiento del Señor para sus fieles, con el fin de que puedan resistir en el combate, continúa hoy con la alusión al escudo de la fe. Es importante que rechacemos de inmediato y con rapidez los dardos del Maligno, incluso cuando quieren penetrar en nosotros a través de los pensamientos. Cuanto más vigilantes seamos, menos podrán atravesarnos y herirnos los pensamientos malos o erróneos. Lo mismo se aplica a las palabras inútiles, ya sean habladas o escritas.

Si usamos el escudo de la fe con la debida atención, este nos enseñará a ni siquiera prestarles oído. ¿Qué provecho puede tener para el alma ocuparse de contenidos que la alejan de Dios? Aquí es importante que renunciemos a una curiosidad falsa que puede seducirnos para prestar oído a cosas innecesarias y hacernos creer que debemos estar informados de todo. Hemos de tomar la firme decisión de dejar entrar en nuestra alma únicamente aquello que realmente sirva al reino de Dios, en la medida en que dependa de nuestra voluntad.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “Prontos para proclamar el Evangelio”  

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Antes de entrar en materia, hagamos un breve repaso de las meditaciones cuaresmales: el espíritu de discernimiento (la discretio) nos urge a enrolarnos conscientemente en el combate espiritual. Quien sigue a Cristo conoce bien este combate. Sin embargo, hay dos circunstancias particulares que debemos tener siempre presentes para que no “luchemos como quien golpea al aire” (cf. 1Cor 9,26):

  1. El enemigo no solo ataca desde fuera de la Iglesia, sino que también está dentro y tiene amplias zonas bajo su influencia.
  2. Ha penetrado hasta la jerarquía y, desde la cúpula más alta, intenta imponer su pernicioso rumbo a toda la Iglesia.

Teniendo esto presente, sigamos escuchando las instrucciones de San Pablo para estar preparados para el combate:

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “La armadura de Dios”  

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Recordemos el hilo central de nuestras meditaciones cuaresmales: queremos llegar a ser mejores discípulos del Señor.

A la luz del discernimiento de los espíritus (discretio), hemos analizado la crisis existencial de la Iglesia y señalado las graves aberraciones del mundo. En consecuencia, hemos constatado que, en esta «situación de emergencia», los fieles deben asumir de forma particular su responsabilidad en el seguimiento del Señor, sirviendo así a la Esposa de Cristo y a su misión. Esto nos lleva inevitablemente a un combate espiritual que no solo afecta a nuestro ámbito personal, sino que es nuestra contribución a la «guerra del Cordero», en la que estamos llamados a ocupar nuestro lugar en su ejército, bajo la guía del Espíritu Santo.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “Fortaleceos en el Señor”  

El objetivo de nuestras meditaciones cuaresmales es convertirnos en mejores discípulos del Señor, especialmente al contemplar su infinito amor, manifestado de forma singular en su Pasión y Muerte en la cruz por nuestra salvación.  Que nuestro corazón anhele ardientemente que toda persona se encuentre con el amor de nuestro Padre celestial y halle así el camino seguro hacia la eternidad, donde vivirá para siempre en unión con Dios y los suyos, colmado de indecibles gozos.

Ser mejores discípulos significa adherirse más a la voluntad de nuestro Señor, cumplir con fervor la tarea que nos ha encomendado y comprenderla más profundamente a la luz de Dios. Sobre todo, se trata de crecer en el amor, que es el bien supremo y que, como iremos comprendiendo más y más, es capaz de vencerlo todo.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “¡No hay situación desesperada para Dios!”

 

La «discreción» nos ha llevado a reconocer la crisis actual de la Iglesia como un peligro para los fieles, a percibir cómo su testimonio para el mundo se ha oscurecido y a ver, más allá del ámbito humano, a los «principados y potestades» que traman maldades contra «el Señor y su ungido», y que a menudo son los que mueven los hilos de todo aquello que usurpa la gloria a Dios y perjudica a los hombres.

Para tener un cuadro más exhaustivo en el sentido del discernimiento de los espíritus, también conviene que echemos un vistazo a la situación actual del mundo. No es difícil constatar que naciones enteras se encuentran bajo el dominio de las tinieblas. Incluso países que en otros tiempos eran cristianos han abierto las puertas a grandes males, introduciendo políticas abstrusas, tales como el aborto, la ideología de género, entre otras. Como resultado, los poderes del mal han logrado que tales estados –con unas pocas excepciones– pertenezcan a aquellos reinos sobre los cuales gobierna Satanás. Si a esto sumamos las guerras y las injusticias asociadas a ellas, nos encontraremos frente a un mar de espanto, lleno de corrupción e impureza.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “El influjo de las tinieblas”  

En el sentido de la “discretio”, resulta ineludible abordar la crisis actual de la Iglesia, porque, ¿cómo podríamos si no sacar las conclusiones correctas para afrontarla como discípulos del Señor? Si la pasamos por alto, seguiremos comportándonos como si nada hubiera cambiado y terminaremos convirtiéndonos nosotros mismos en portadores de  los errores modernistas. Si incluso estamos de acuerdo con tales errores, entonces, aun sin darnos cuenta, estamos trabajando en el bando de aquellos que quieren destruir a la Iglesia o transformarla en una institución humanitaria, como lo describió tan acertadamente el filósofo Dietrich von Hildebrand. Si callamos a pesar de percibir los errores, entonces deberíamos tomarnos a pecho las siguientes palabras del Papa Félix III: “No oponerse a un error es consentirlo, y no defender la verdad es reprimirla.”

Por otro lado, la constatación de que la jerarquía eclesiástica ha emprendido un rumbo equivocado no debe sacudirnos ni confundirnos hasta el punto de llevarnos a la resignación o a abandonar la Iglesia y adherirnos a otra denominación. Esa sería una conclusión errónea. La Iglesia católica sigue siendo la Iglesia fundada por Cristo, incluso cuando sea atacada desde dentro y desde fuera.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “La luz se oscurece”

En la meditación de ayer, al profundizar en el discernimiento de los espíritus, señalamos algunas derivas de la jerarquía eclesiástica que pueden afectar concretamente a la vida de los fieles. Pero es aún más trágico el hecho de que el rostro de la Iglesia se desfigure de tal manera que, en lugar de ser el faro del Evangelio para las naciones, se adapta al espíritu del mundo en muchos ámbitos.

Debemos cobrar conciencia una y otra vez de que la tarea más esencial de la Iglesia consiste en llevar a los hombres la salvación que el Padre Celestial les ofrece. En otras palabras, tal y como se ha entendido la evangelización hasta el día de hoy, se trata de la salvación de las almas. El hombre no es capaz de salvarse a sí mismo de su miseria, sino que necesita la gracia de Dios, que se le ofrece en Jesucristo. Una vez que abraza la fe, la Iglesia acompaña al creyente con todos los medios que Dios le ha confiado.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “Repercusiones concretas de las falsas doctrinas”

Aplicando la «discreción» tal y como se la entiende en la terminología eclesiástica, hemos dirigido nuestra atención en primer lugar a la situación actual de la Iglesia. La meditación de ayer concluyó con algunas reflexiones del filósofo Dietrich von Hildebrand, caracterizado por su don de discernimiento. Sin adoptar posiciones extremas, sí observó con mucha precisión las tendencias nocivas en la Iglesia, sobre todo después del Concilio Vaticano II.

Tanto Hildebrand como otros señalaron que la profusión de acontecimientos negativos posconciliares no podía explicarse simplemente como errores aislados, sino que los enemigos de la Iglesia se propusieron destruirla desde dentro o transformarla en una especie de institución humanitaria. Esto último resulta particularmente peligroso, porque quizá uno no lo nota de inmediato y piensa que se trata de un humanismo cristiano, como sucede con la encíclica Fratelli tutti, que es capaz de confundir a los fieles.

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MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: “La discreción aplicada a la situación de la Iglesia”

El objetivo de nuestras meditaciones cuaresmales es convertirnos en mejores discípulos del Señor, discípulos que, con gran convicción, den testimonio del amor de nuestro Padre en estos tiempos difíciles. Su amor se nos ha revelado de una manera singular en su Hijo Jesucristo.

Gracias a los padres del desierto, conocimos el término «discreción», que tiene un significado amplio relacionado con el «discernimiento de los espíritus». Así, la discreción nos ayuda a distinguir con prudencia entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, lo auténtico y lo artificial. Más adelante, también aplicaremos esta virtud a nuestra vida espiritual para ver cómo podemos llevarla de tal manera que dé mucho fruto.

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