¡Ahora estás aquí, Niño Divino!
¿Qué te movió a venir donde nosotros, a un mundo tan hostil?
La razón sólo puede estar en Tu inconmensurable amor a nuestro Padre Celestial, y en Tu infinito amor a nosotros, los hombres.
¡Ahora estás aquí, Niño Divino!
¿Qué te movió a venir donde nosotros, a un mundo tan hostil?
La razón sólo puede estar en Tu inconmensurable amor a nuestro Padre Celestial, y en Tu infinito amor a nosotros, los hombres.
¡Cuánto tiempo esperaron los israelitas al Mesías! Luego, cuando Él vino y empezaron a cumplirse las promesas, no lo reconocieron. ¡Qué tragedia! Ahora, los judíos creyentes siguen aguardándolo… Asimismo esperan la llegada del Profeta Elías, que ha de preceder al Mesías. Sin embargo, también él vino ya: “Si queréis comprenderlo, él es Elías” –dice Jesús, refiriéndose a Juan el Bautista (Mt 11,14).
Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro,
esperanza de las naciones y salvador de los pueblos:
ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.
Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos,
Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo:
ven y salva al hombre,
que formaste del barro de la tierra.
Oh Amanecer,
Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia:
ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel;
que abres y nadie puede cerrar;
cierras y nadie puede abrir:
ven y libra a los cautivos
que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel,
que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente
y en el Sinaí le diste tu ley:
ven a librarnos con el poder de tu brazo.
“Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo,
abarcando del uno al otro confín,
y ordenándolo todo con firmeza y suavidad:
ven y muéstranos el camino de la salvación.”
Tú, oh Sabiduría, pones todo en un orden santo, porque procedes del Padre Eterno. Todo lo penetras y, con Tu fuerza y suavidad, restableces el orden divino.
Is 54,1-10
Alégrate, estéril, que no dabas a luz, prorrumpe en gritos de júbilo, tú que no habías concebido; pues tiene más hijos la abandonada que la casada, dice el Señor. Ensancha el espacio de tu tienda, despliega los toldos de tu morada, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura; pues te abrirás al sur y al norte, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblará. No temas, que no te avergonzarás, ni te sonrojes, que no te afrentarán; no recordarás tu vergonzosa soltería y olvidarás la afrenta de tu viudez.
Is 45,6b-8.18.21b-25
“Yo soy el Señor, y no hay otro. Yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo construyo la dicha y creo la desgracia. Yo, el Señor, hago todo esto. Destilad, cielos, el rocío de lo alto; derramad, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y germine la salvación, que produzca juntamente la justicia. Yo, el Señor, lo he creado.”