«No se puede honrar de mejor manera a Dios, nuestro Padre, que a través de una confianza sin límites» (San Alfonso María de Ligorio).
La confianza sin límites honra de forma especial a nuestro Padre, tal y como afirma san Alfonso María. De hecho, el santo está convencido de que no hay mejor manera de honrarle.
¿A qué se refiere? Recordemos que, a raíz de la seducción del diablo, la relación de confianza entre Dios y el hombre se vio profundamente perturbada. Tras caer en el pecado, Adán y Eva se escondieron de Dios, después de que el seductor hubiera cuestionado su amorosa autoridad sobre ellos: «¿Cómo es que Dios os ha dicho: No comáis de ninguno de los árboles del jardín?» (Gen 3,1). ¡Sabemos cómo continuó la historia!
Pero, ¿qué sucedió con la confianza quebrantada? El demonio siguió trabajando incansablemente para transmitir al hombre una imagen equivocada de Dios. Y, por desgracia, lo ha conseguido. A veces, incluso ha logrado pervertir la verdadera imagen de un Dios amoroso y presentarla como todo lo contrario.
Sin embargo, el gran deseo de nuestro Padre es que confiemos en Él. Así nos lo asegura en el Mensaje a Sor Eugenia Ravasio: «En cuanto a los medios para honrarme como yo lo deseo, no os pido más que una gran confianza. (…) Lo que deseo y me complace es que tengáis una actitud de verdaderos hijos, sencillos y confiados frente a mí».
Si confiamos en Dios, nunca pondremos en duda su bondad y así penetraremos en lo más profundo de su ser. Una confianza ilimitada nos sostendrá en las pruebas más difíciles y en los caminos sin salida, y dará testimonio de un amor invencible.
Entonces se habrá reconstruido la confianza perdida. No tendrá el resplandor de la inocencia paradisíaca, pero llevará las marcas de la victoria del amor en medio de la oscuridad, ¡y eso honrará sin igual a nuestro Padre celestial!
