«Me dejo encontrar fácilmente, porque estoy aquí y en ti» (Palabra interior).
Los maestros de la vida espiritual nos recuerdan una y otra vez que podemos encontrar a Dios en nuestro interior. Y es así, porque el Señor mismo nos lo aseguró: «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).
Esta afirmación es esencial para nuestra vida espiritual, ya que significa que, si vivimos en estado de gracia, podemos encontrar a Dios siempre y en cualquier lugar. Así es como nos convertimos en «hombres interiores» (cf. 2Cor 4,16). En el diálogo con Dios, aprendemos a distanciarnos de las numerosas impresiones y distracciones que se nos ofrecen. Cuanto más cultivemos la relación de amor con Dios, más buscaremos su cercanía y el intercambio con Él. Sin embargo, debemos estar atentos para no descuidarla y que no nos suceda lo que el maestro Eckhart expresa con gran acierto: «Dios está siempre en nosotros, pero nosotros rara vez estamos en casa».
Con ello, nuestro Padre ya nos ha trazado un camino para tiempos de persecución, cuando se vea restringida o incluso imposibilitada la práctica exterior de la religión y del culto. Puesto que Él mismo ha establecido su templo en nuestro corazón, podemos adorarlo allí y nadie puede impedírnoslo. Como nos asegura el Padre, Él se deja encontrar fácilmente porque ya está ahí esperándonos. Así podremos resistir y preservar la fe incluso en tiempos difíciles.
Sin embargo, es importante cultivar la vida interior también cuando no parezca haber peligros exteriores y no empezar a hacerlo cuando las circunstancias nos obliguen a ello.
