“MÁS SABIO QUE SALOMÓN”

«La reina del Sur (…) vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y aquí hay algo más que Salomón» (Mt 12,42).

Amado Padre, en este mundo tan acelerado y con miríadas de informaciones, ¿quién busca aún la verdadera sabiduría? Se procura acumular conocimientos, en algunos casos asociados a la idea de que con ellos se obtiene poder. Pero, ¿de qué tipo de poder se trata? Quien lo busca ya demuestra que carece de sabiduría. Por nuestra parte, es mejor que prestemos oído a tu Palabra:

«Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan. Quien madrugue para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada. Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados. Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos» (Sab 6,12-16).

No es difícil comprender que es el Espíritu Santo quien quiere iluminarnos y desplegar en nosotros ese don que llamamos «sabiduría». Este don nos permite saborear a Dios desde dentro. Es el mismo Espíritu Santo quien nos recuerda todo lo que Jesús dijo e hizo (cf. Jn 14, 26), Aquel «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia», como testifica san Pablo en su Carta a los Colosenses (2,3).

Por tanto, amado Padre, para encontrar la sabiduría no hace falta que viajemos hasta los confines de la tierra, como hizo la reina del Sur para oír a Salomón. Solo tenemos que inclinar nuestro oído hacia ti, que nos instruyes a través de tu Hijo, y seguirle. Entonces, la sabiduría nos acompañará y nos moldeará según la imagen que tú pensaste para nosotros. Será nuestra amiga fiel, «pues ella todo lo sabe y entiende. Ella me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su gloria» (Sab 9,11).