“MANTENTE SERENO”  

«Mantente sereno. Yo soy el Eterno y tengo el tiempo en mis manos» (Palabra interior).

Con frecuencia, los maestros espirituales nos hablan de la serenidad. Significa que no debemos dejar que los diversos acontecimientos que nos sobrevienen nos roben la calma ni nos lleven a actuar de forma precipitada. Sin embargo, no se trata de una «calma estoica», que observa todas las cosas con cierta indiferencia y evita cualquier posicionamiento interior. Tampoco se refiere a la pereza del alma o del espíritu, que no se deja sacudir ni motivar por nada y termina cayendo en la indiferencia.

La serenidad se alcanza cuando examinamos y contemplamos todos los acontecimientos desde la perspectiva de Dios. Esta actitud se asienta firmemente en la confianza en Dios. Nos preserva de una visión efímera de las cosas y de su dinámica a menudo agitada. Nos enseña a llevar ante Dios todo lo que nos sucede y a adquirir su visión sobre cada situación. En este punto, la palabra «eternidad» cobra importancia. Al recordarnos que Él es el Eterno, nuestro Padre nos hace entender que conoce desde siempre todas las cosas que suceden en nuestro tiempo y que tiene una solución para cada una de ellas. A esto se suma la certeza de que todo lo que nuestro Padre hace o permite está movido por el amor y que, en este amor, todo ha sido ponderado y será llevado a buen término.

Estas consideraciones, que brotan de la fe, confieren tranquilidad al alma. Ella empieza a alegrarse de que sea así y de que su amoroso Padre tenga todas las cosas en sus manos. Esto le da seguridad para afrontar todo lo que le depare el futuro con esperanza y no con miedo.

Se vuelve serena y experimenta todo lo que acontece en el mundo más anclada en Dios que movida por la inquietud. Aprende a esperar hasta que llegue el momento preciso para actuar, porque el Eterno tiene el tiempo en sus manos.