LAS SOMBRAS DEL OLVIDO DE DIOS

«Veo a los hombres pasar su vida sin confiarse a su único Padre» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).

A esta triste realidad se enfrenta nuestro Padre Celestial y, con Él, también aquellos que han sido llamados a proclamar su amor entre los hombres.

¡Qué escenario tan desolador es una vida sin una viva relación con Dios, que confiere sentido a toda existencia! Esto se aplica especialmente a los seres humanos, a los que nuestro Padre quiere hacer partícipes de la plenitud de su divinidad.

Sin embargo, muchas personas viven en las sombras del olvido de Dios. Si la Iglesia descuida su misión de anunciar el Evangelio con autenticidad y autoridad, las almas se ven privadas del alimento celestial y ya no hay quién les enseñe en todo a abandonarse a su Padre Celestial. En consecuencia, quizá empiecen a buscar en otras religiones o sistemas espirituales, cayendo fácilmente en el error y recibiendo una imagen equivocada o incompleta de Dios.

Y las personas que ni siquiera buscan a Dios permanecen a oscuras y no captan lo esencial de su existencia. ¡Qué vacío!

Nuestro Padre, que ve toda esta miseria, quiere hacer saber a todos los hombres, por todos los medios posibles, que su único anhelo es aligerar su peregrinación por la vida terrenal y hacerles partícipes de su vida divina en el Cielo por toda la eternidad.

Uno de los medios para darse a conocer a los hombres es el Mensaje que nuestro Padre dictó a la Madre Eugenia Ravasio. En él, expresa de diversas maneras y con gran ternura su amor por nosotros. Sin duda, sería de gran ayuda para hacer despertar en los hombres el amor hacia el Padre Celestial.

Una vez que este amor nos haya tocado y despertado, quizá también nosotros nos convirtamos en uno de los innumerables caminos de los que Dios se vale para ir en busca de los hombres, para que lo conozcan y se abandonen a Él.