«Hay que servir primero a Dios» (Santa Juana de Arco).
Santa Juana de Arco no solo pronunció estas palabras, sino que también las puso en práctica, incluso en los momentos de mayor tribulación, cuando sus injustos jueces intentaban tenderle trampas durante su proceso eclesiástico para que se contradijera a sí misma. Su condena a muerte estaba decidida de antemano, como sucedió con Nuestro Señor Jesucristo.
Sin embargo, nadie había contado con la resistencia espiritual que encontrarían en esta joven, resistencia que le echaron en cara como si fuera obstinación.
¿Cómo fue posible, amado Padre, que esta hija tuya no se quebrantara ante la astucia y malicia de sus enemigos, que aparentemente la superaban con creces a nivel teológico e intelectual?
En la frase que hemos escuchado al principio tenemos la respuesta. Santa Juana de Arco depositó su confianza en ti y no en sus propias fuerzas. Su mirada estaba puesta primero en ti. Para ella, lo primero era servirte y, por tanto, cumplir la misión que le habías encomendado. ¿Cómo no ibas a asistirla e infundirle el espíritu de fortaleza? Fuiste Tú quien la sostuviste y pusiste en su boca respuestas tan acertadas que deberían haber convencido a sus acusadores.
Así sucede cuando alguien te ama con todo su corazón, vive en la verdad y no te antepone nada. Ningún poder del mundo ni del Maligno puede vencer a quienes te aman. Tú eres su refugio; Tú habitas en el corazón de tus fieles.
Cuanto más pongamos en práctica esta frase de la doncella de Orleans, más podrás obrar a través de nosotros. Sin duda, te complació sobremanera que tu hija Juana se mantuviera fiel a su misión confiando plenamente en ti. Ahora está contigo como vencedora, resplandeciente en toda su belleza. Hasta el día de hoy, su ejemplo brilla en la Tierra, enseñándonos que siempre debemos servirte a ti primero.
Santa Juana de Arco, ¡ruega por nosotros!
