«Entrégate a Dios sin reservas. Él es un Padre, y un Padre sumamente amoroso, que preferiría permitir que el cielo y la tierra se derrumbaran antes que abandonar a alguien que ha puesto su confianza en Él» (San Pablo de la Cruz).
Tanto a través de los santos como con sus propias palabras, el Señor nos invita una y otra vez a confiar en Él sin reservas. Es la llave de oro que abre el corazón de nuestro Padre, que valora tanto nuestra confianza, aunque sea solo una pequeña llama o apenas una chispa, que jamás podría ignorarla.
Esto debería despertar aún más nuestro anhelo de depositar nuestra confianza sin límites en nuestro Padre. ¡Eso es lo que Él nos pide y lo que más rápidamente nos introducirá en su corazón!
Sin duda, la confianza es ante todo una gracia que podemos pedir, pero también implica nuestra cooperación. Entonces, ¿qué podemos hacer, además de pedir con fervor una gran confianza?
Un aspecto esencial es cultivar la gratitud por todo lo que recibimos de nuestro Padre celestial, tanto en bienes espirituales como naturales. La gratitud nos abrirá los ojos para descubrir cada vez más y despertará nuestro corazón a un creciente amor.
Fijémonos en la Virgen María e imitemos cómo Ella meditaba en su corazón la Palabra del Señor (cf. Lc 2, 9). Entonces, esta Palabra penetra en nosotros y esparce su luz. Tiene el poder de transformarnos y hacernos dóciles a la voluntad de Dios. Así, la confianza se vuelve más profunda, porque la voluntad de Dios se habrá convertido en el alimento espiritual del que vivimos (cf. Jn 4, 34) y que siempre está a nuestra disposición, ya sea en el desierto o en un banquete del Señor. Entregamos a la Palabra de Dios la guía de nuestra vida.
También conviene realizar pequeños actos de voluntad: «Quiero confiar en el Señor y no seguir mis propios pensamientos o dejarme llevar por mis miedos». Así comenzamos a dar pequeños pasos, esperados y acompañados por nuestro Padre celestial. Y entonces podremos dar el gran paso, abandonándonos completamente a los brazos de Dios, y llegaremos a casa. ¡El amor habrá vencido y la confianza habrá sido su guía!
