“LA GRAN DICHA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA”

«La mayor dicha de nuestra vida es asemejarnos a Jesús» (San Juan Eudes).

¡Qué alegría para ti, amado Padre, y para todos los hombres, si intentamos poner en práctica estas palabras de san Juan Eudes! En efecto, no solo nos enviaste a tu Hijo como Redentor, para que se convirtiera en el camino hacia ti, sino que también nos lo diste como modelo para que nos asemejemos a Él e incluso lleguemos a ser como Él.

¿Imposible? No, Padre, de hecho, en eso consiste el camino de seguimiento de Cristo: en permitir que Jesús vaya tomando cada vez más forma en nosotros. Así, tu Apóstol pudo exclamar: «Con Cristo estoy crucificado: vivo, pero ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gal 2,19b-20a).

Si todo nuestro ser se rige según tu Hijo y su santa palabra, y el Espíritu Santo actúa en nuestro interior, nuestra forma de pensar empieza a transformarse. Ya no nos centramos en nosotros mismos buscando nuestros propios intereses, sino que, al igual que el Señor, elevamos la mirada hacia ti desde la cruz de este mundo. Precisamente ese enfoque en tu santa voluntad nos asemeja cada vez más a Jesús, pues todo lo que Él pensaba, hacía y decía estaba en plena sintonía contigo. ¡Así mismo ha de suceder con nosotros!

Ciertamente, no poseemos naturaleza divina como Jesús. Siempre seguiremos siendo seres humanos, incluso en la eternidad, aunque entonces habremos sido perfeccionados. No obstante, todo lo que el Señor hacía en virtud de su naturaleza divina, nosotros podemos alcanzarlo por medio de tu gracia. ¿Acaso tu amado Hijo no nos dirigió a nosotros, los hombres, esta exhortación: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mateo 5,48)?

Por tanto, debemos imitar a tu Hijo en todo y, de esta manera, nos asemejaremos a Él. Esa es la mayor dicha de nuestra vida. Pero no solo es nuestra alegría, sino también la tuya y la de la Santísima Virgen María, a quien nos diste como Madre, al ver reflejada la vida de tu divino Hijo en nosotros.

¡Es la gran dicha para todos, para el Cielo y para la Tierra!