«En la guerra la victoria no depende del número de soldados, sino de la fuerza que viene del Cielo» (1Mac 3,19).
Probablemente, en la Iglesia militante quede solo un pequeño rebaño que se defiende de los ataques y las insidias del Maligno. ¿Un motivo para rendirse? ¡De ninguna manera! El versículo previo del Libro de Macabeos dice así: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos» (1Mac 3,18).
Lo decisivo es que en todo confiemos en el Señor, sabiendo que Él siempre viene en nuestro auxilio, tanto en nuestros combates personales como en los que conciernen al «pequeño rebaño». Esta certeza también se aplica a la «gran guerra» que la Iglesia militante debe librar en un entorno cada vez más anticristiano, incluso si tuviera que enfrentarse a los mismísimos ejércitos de los demonios.
Si interiorizamos la frase de hoy, no caeremos en la tentación de la desesperanza ni del desánimo (véase la reflexión del 15 de enero: https://es.elijamission.net/nada-de-desanimo/).
El relato del mayordomo real Jean d’Aulon sobre una experiencia vivida con Santa Juana de Arco puede infundirnos valor y fortalecer nuestra fe. Cuenta que el ejército francés no lograba conquistar una de las fortalezas debido a la encarnizada resistencia de los ingleses. Finalmente, tuvieron que retirarse, pero Santa Juana de Arco permaneció en la lucha con un pequeño grupo de soldados. Preocupado, Jean d’Aulon cabalgó hasta donde ella estaba y le preguntó por qué no se había retirado. Entonces, ella se quitó el yelmo de la cabeza y le respondió: «No estoy sola. Tengo en mi séquito cincuenta mil hombres». Y el mayordomo termina declarando: «Puedo asegurar que en ese momento no tenía más que cinco o seis hombres detrás de sí».
Eran los ángeles que acompañaban a la santa. ¡Podemos estar seguros de que tampoco nosotros estamos solos en nuestros combates!
