«Es mejor morir en este tiempo que acatar cualquier orden que violaría la castidad virginal de la verdad» (San Hilario de Poitiers).
La frase de hoy procede de un elocuente obispo que defendió valientemente la santa fe durante la crisis arriana y se aplica a todos nosotros, que queremos seguir a Aquel que es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6).
Vale la pena dar la vida por la verdad y, por tanto, por nuestro Padre Celestial. Esto puede suceder de diversas maneras, y siempre es un acto de gran amor que da testimonio de que Dios es más importante que nuestra vida: «Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16, 25).
En aquel entonces, san Hilario defendió la verdad frente al emperador y otros obispos que estaban en error. Pero, ¿no es necesario defenderla también en nuestros días?
La mayoría de los políticos siguen una agenda que a menudo es contraria a los mandamientos de Dios. Por desgracia, también hoy en día vemos obispos en error, incluso en las esferas más altas de la jerarquía eclesiástica.
Por tanto, debemos defender la verdad de la doctrina y la moral cristiana para que no sea violada la castidad virginal de la Esposa de Cristo. Incluso se puede dar la vida por ella, pues la verdad está por encima de aquellas autoridades cuyas directrices no se ajustan a la voluntad de Dios.
Esta firme afirmación de san Hilario debe acompañarnos en nuestro tiempo, recordándonos que la fe puede enfrentarse a situaciones de emergencia. Sin duda, nuestro Padre nos dará todo lo necesario para permanecer fieles en las pruebas de nuestra fe. Pero hay algo que debemos tener claro: hay que vivir y defender la verdad, aunque tengamos que pagar con nuestra vida terrenal.
