“LA BELLEZA DE UN ALMA EN ESTADO DE GRACIA”  

«¡Estad en paz! ¡Dios os ama! Si tan solo este pobre mundo pudiera ver la belleza de un alma en estado de gracia, todos los pecadores e incrédulos se convertirían al instante» (San Pío de Pietrelcina).

¿Qué es lo que verían los pecadores e incrédulos? Se hallarían frente al inefable amor con el que Dios ha creado y redimido al hombre, una obra de su amor que se refleja en el alma que vive en estado de gracia. Sin duda, una visión semejante derramaría una luz deslumbrante sobre ellos y les abriría los ojos.

Pero, querido padre Pío, tú sabes muy bien que a menudo las personas están cegadas. Pocas veces son capaces de percibir la delicada y potente luz de la castidad, el esplendor de la verdad, el encanto del amor de nuestro Padre celestial, la dulce mirada de la Virgen María… El pecado ofusca su vista y la incredulidad les impide reconocer.

Desconocen a nuestro Padre tal y como Él es en verdad, por lo que tampoco son capaces de percibir el reflejo de su gloria en los hijos de su gracia. Una capa de hielo puede formarse alrededor de los corazones y la niebla puede obnubilar el entendimiento.

Sin embargo, sigue siendo cierto lo que dijiste, querido Padre Pío. ¿Y qué podemos hacer nosotros, sacerdote amado del Señor?

Podemos implorar con fervor la luz del conocimiento para los pecadores y los incrédulos, y ofrecerle al Señor nuestros sufrimientos por su conversión, como lo hiciste tú. Además, estamos llamados a vivir en estado de gracia para que, a medida que crezca la belleza de nuestra alma, las personas puedan ser tocadas por la gracia de Dios a través de nuestra vida. Sobre todo, debemos dar testimonio del amor de nuestro Padre y hablar de su bondad.

¡Eso es lo que podemos hacer, querido padre Pío! Tú, que ya has alcanzado la plenitud y la visión beatífica de Dios, ¡ayúdanos! Nosotros aún estamos de camino. Pero, si nos esforzamos, quizá podamos servir de testimonio de cuán hermosa es un alma en estado de gracia y de cómo nuestro Padre es capaz de moldearla hasta la perfección.