“GLORIFICAR A DIOS MEDIANTE LA EVANGELIZACIÓN”  

«¡Cuánto desearía que los hombres escucharan a mi Hijo y glorificaran así al Padre que está en los cielos!» (Palabra interior).

Estamos en este mundo con el fin de servir a nuestro Padre y glorificarle mediante una vida de seguimiento de su Hijo. Para que este sentido más profundo de la existencia humana se haga realidad, es preciso anunciar el Evangelio con autoridad. En efecto, ¿cómo podrían las personas conocer a su Padre del Cielo durante su vida terrenal si no es a través de aquel que es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6)?

¡Cuánto desea nuestro Padre que los hombres escuchen a su Hijo (cf. Mt 17,5)! ¿Qué no ha hecho y sigue haciendo para que los hombres alcancen la salvación? El cielo entero anhela que la humanidad alabe a su Padre celestial, tanto ahora, en el tiempo, como en la eternidad.

¡Cuánto deseará la bendita Madre de Dios que los hombres escuchen a su Hijo, ella que en Caná dijo: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5)! ¡Qué dolor será para ella, que permaneció junto a la Cruz y dio su «sí» a la voluntad del Padre en aquella hora tan oscura, que los hombres pasen de largo ante el sacrificio de su Hijo, que quiere atraer a todos hacia sí (cf. Jn 12,32)!

Alguien que está tan profundamente involucrado en el plan de salvación como la Virgen María no puede sino apoyar a todos aquellos que anuncian a su Hijo y dan testimonio de Él con toda su vida. Sin duda, con la plenitud de gracia con la que Dios la ha dotado, ella asistirá a quienes buscan fervientemente la gloria del Señor.

¡Cuánto sufrirá, en cambio, si decae o incluso se extingue en la Iglesia el celo por conducir a todos los hombres hacia su Hijo! ¡Que eso nunca suceda y que nuestra Madre nos ayude a pedir obreros fieles y ardientes para la mies del Señor (cf. Mt 9,37-38)!