“FLORECILLAS DEL AMOR”  

«Al atardecer de la vida seremos juzgados en el amor» (San Juan de la Cruz).

El día en que escribo esta meditación, 24 de noviembre, se celebra a san Juan de la Cruz según el calendario tradicional, ese santo que fue un gran aliado espiritual de santa Teresa de Ávila. Ambos estaban dotados de una profunda ciencia interior que les permitió recorrer el camino de la santidad y transmitírnoslo.

Es muy cierto lo que nos dice san Juan de la Cruz: lo que cuenta y permanece es el amor. Por eso, el examen de conciencia más fructífero que podemos hacer es preguntarnos: ¿he amado hoy?, ¿he realizado actos de caridad?, ¿o acaso he atentado contra el amor? Si le pedimos al Espíritu Santo que nos muestre la respuesta, estaremos en buen camino para afrontar confiadamente el atardecer de nuestra vida.

Sin duda, es necesario comprender más a fondo qué es realmente el amor y no confundirlo con sentimientos pasajeros. Sin embargo, en lo más profundo de nuestro ser, deberíamos ser capaces de percibir si cultivamos un amor benevolente hacia el prójimo y, con la gracia de Dios, aprender a purificar nuestro corazón de todo aquello que se opone a este amor.

San Juan de la Cruz es un maestro espiritual exigente, y podría pensarse que es demasiado severo. Sin duda, sus enseñanzas se dirigen, en primer lugar, al camino espiritual del Carmelo. Sin embargo, su mensaje trasciende esa espiritualidad específica y contiene muchos elementos que todos podemos aplicar.

Si nos fijamos en la frase de hoy, queda claro de qué se trata nuestra vida. El hombre debe comprender que Dios lo ama infinitamente y que lo único que desea es que este acoja su amor y le corresponda. Entonces, la relación con nuestro Padre se vuelve viva y empiezan a brotar florecillas de amor y verdad en el jardín de nuestra vida. Eso es lo que san Juan quiere decirnos. Al final, seremos juzgados en virtud de estas florecillas. Son ellas las que cuentan y difunden un aroma celestial.

¡Tratemos de recoger el mayor número posible de estas flores!