“EL TESORO DE DIOS EN LA TIERRA”

«Cuando dices la verdad, el cielo se abre y te bendice» (Palabra interior).

La bondad y la belleza de la verdad que emana de tu corazón, amado Padre, lo transforman todo. La niebla tiene que ceder, las mentiras se disipan, los engaños quedan al descubierto y la luz brilla en la oscuridad.

En esta verdad debemos vivir, amado Padre, y de ella hemos de dar testimonio. Eso es servir al Reino de Dios, a tu Reino. Cada vez que atestiguamos la verdad con sabiduría e intrepidez, tu luz penetra más profundamente en nosotros. Nos convertimos en tus testigos y nuestro ser se afianza en ti.

Este testimonio exige valentía, a veces incluso el valor de dar la vida. Pero esta virtud crece precisamente con cada profesión de la verdad y el don de fortaleza se arraiga más en nosotros. La verdad nos hace libres y, de esta manera, somos bendecidos por el cielo.

En la actualidad, se vuelve cada vez más difícil decir la verdad. Las mentiras y los engaños han ganado terreno e incluso intentan penetrar en el Templo de Dios. Por eso, es aún más importante que nos aferremos a ti y a tu Palabra, y entonces Tú nos fortalecerás en lo más profundo de nuestra alma. Tú, amado Padre, siempre buscas almas en las que puedas morar, almas que vivan en la verdad. Estas almas se convierten en un lugar de reposo y deleite para ti. Por tanto, no permites que subsista ni la más mínima intransparencia entre Tú y nosotros. También deben desaparecer los respetos humanos, por cuya causa a veces no nos atrevemos a dar testimonio de la verdad o incluso la llegamos a negar.

Cuando la verdad se revela a nuestra alma como un tesoro de oro puro, nos ayuda a desprendernos de todo lo que podría empañarla. En efecto, Tú mismo eres la verdad, amado Padre, el oro indestructible que no tolera ninguna mentira ni engaño. Por eso abrazas a quien anuncia la verdad, y él se convierte en tu tesoro en la Tierra.