“El mayor mérito del hombre es depositar toda su esperanza en Dios” (San Bernardo de Claraval).
Estas palabras de San Bernardo ponen patas arriba la cosmovisión del hombre natural. Todos tenemos la tendencia a basar nuestro valor en lo que poseemos, en lo que sabemos, en lo que logramos. No es tan fácil superarla, porque estamos rodeados por esta mentalidad y necesitamos un proceso hasta poder dar nuestro pleno asentimiento a lo que hoy nos dice San Bernardo.
¿Qué nos puede ayudar en este proceso?
En primer lugar, una simple reflexión: nuestro Padre nos creó por amor y todo lo que hagamos en nuestra vida procede de Él. No hay absolutamente nada que no venga originariamente de Dios.
Sin embargo, con mucha frecuencia perdemos de vista esta conciencia, olvidando que todo procede de nuestro Padre. Cuanto más nos hundimos en la vida mundana, más pasa a segundo plano esta verdad fundamental de nuestra existencia y empezamos a depositar nuestra esperanza en lo visible. Nos invade un cierto olvido. Algunos incluso llegan a pensar que es la naturaleza humana la que nos dota de diversos dones y talentos.
Esta visión provoca un gran desorden espiritual en la vida y un doloroso olvido de Dios. En cierto modo, el ser humano niega el origen de su existencia, ignorando u olvidando a su amado Padre, Creador y Redentor.
Si meditamos las palabras de San Bernardo, en cambio, veremos cómo se restablece el orden espiritual. El hombre que vive así glorifica a Dios y reconoce su supremacía. Vive en la verdad y deposita su esperanza en el Señor.
Esto se convierte en su gran mérito, porque así da testimonio del amor de Dios, que lo supera todo, del que todo procede y que es la verdadera esperanza para toda la humanidad.