“EL DESEO DE NUESTRO ÁNGEL CUSTODIO”  

«El deseo de nuestro ángel de ayudarnos es mucho mayor que nuestro deseo de dejarnos ayudar por él» (San Juan Bosco).

En su infinita bondad, nuestro Padre celestial nos concede un amigo y compañero fiable para toda la vida. Para nuestro ángel custodio es una gran alegría poder acompañarnos, pues por un lado este servicio le permite mostrar su amor a Dios, cuyo encargo cumple, y por otro, puede brindarnos su amor a través de su ayuda y cercanía fraterna.

También aquí se manifiesta el amor providente de nuestro Padre, que sabe muy bien cuántos peligros nos acechan en nuestra peregrinación por este mundo y cuán importante es tener a nuestro lado a alguien en quien podamos confiar. Sin embargo, somos nosotros quienes a menudo no somos conscientes de su compañía y quizá solo la notamos cuando hemos sido salvados de una desgracia.

Entonces, ¿cómo podemos conocer mejor a nuestro ángel de la guarda? Recordemos que nos ama y que quiere mostrarnos su amor. ¿No sucede lo mismo en el plano humano? Cuando sabemos que podemos ayudar a alguien, quizá precisamente en aquellos ámbitos en los que él no puede ayudarse a sí mismo, ¿no queremos entonces ofrecerle nuestro amor solícito?

Sin embargo, la asistencia de nuestro ángel de la guarda no se limita al plano natural, sino que, ante todo, nos ayuda en nuestro camino hacia Dios.

Algo que nuestro amigo celestial ciertamente desea es que experimentemos aún más el amor de nuestro Padre a través suyo. Por tanto, intentemos cultivar la amistad con él, pues ésta seguramente perdurará hasta la eternidad. El ángel estará agradecido por haber podido ayudarnos y nosotros por haber recibido su ayuda. ¡Y juntos alabaremos a nuestro Padre celestial por ello!