“EL CAMINO SENCILLO”  

«Ámame y déjate amar por mí» (Palabra interior).

Con estas sencillas palabras se puede describir el camino que nuestro Padre celestial nos invita a recorrer, y toda la verdad está contenida en ellas. Si correspondemos a su amor, nuestro Padre podrá hacer realidad todo lo que ha previsto para nosotros y, aún más, lo que quiere realizar a través de nuestra vida.

¡Que nuestras primeras palabras al empezar el día sean para nuestro amado Padre! ¿No es cierto que el propósito de la nueva jornada o del año que comienza es agradarle? Precisamente al hacer de buen grado lo que Él quiere de nosotros, le expresamos nuestro amor. El amor quiere conocer lo que el amado lleva en el corazón y saber cuáles son sus deseos más profundos. Así podemos escudriñar el corazón de Dios: «¿Qué es lo que has previsto? ¿Qué puedo hacer hoy por ti y por la expansión de tu Reino?».

La respuesta no tardará en llegar, porque es el Padre mismo quien siembra en nuestro corazón el anhelo de buscarle. Él nos amó primero con un amor perfecto e infinito. Podemos disfrutar de este amor, que es un anticipo de la eternidad. Y el amor de Dios no solo nos impulsa a realizar tal o cual obra, sino que también nos invita a detenernos, a permanecer y a escuchar, como María, sentada a los pies de Jesús, quien nos la mostró como ejemplo y aseguró que había escogido la mejor parte (Lc 10,42).

Por tanto, dejémonos amar por nuestro Padre y asimilemos este amor en todas las formas que se nos presenten: escuchando y permaneciendo con Él, sirviendo y cumpliendo nuestros deberes, trabajando diligentemente en nuestro corazón para que el amor pueda penetrar más profundamente en él…