«Su sabiduría es infinita y, cuando le pido consejo, jamás me defrauda» (San Pío X).
Una vez más, el santo papa Pío X nos acompaña en los primeros pasos de este nuevo año. Para vivir nuestra fe de forma fructífera en estos tiempos difíciles, necesitamos buenos consejos. ¿Quién podría aconsejarnos mejor que nuestro Padre celestial? ¿Quién podría comunicarnos más de su infinita sabiduría que aquel que es la sabiduría misma?
Siempre me gusta evocar a Santa Juana de Arco, que tenía consejeros celestiales. Cada vez que necesitaba asesorarse sobre cómo cumplir la misión que se le había encomendado, recurría a ellos y nunca la defraudaban. Cuando transmitía las directrices que había recibido de sus consejeros celestiales a su consejo militar, no pocas veces este quería hacer valer un punto de vista distinto. Sin embargo, al final se demostraba que ella tenía razón. Incluso en la hoguera, siguió afirmando: «¡Mis voces no me han engañado!».
Si consultamos sinceramente a nuestro Padre celestial, Él siempre nos responderá y lo hará de tal manera que podamos comprenderlo y seguir adelante. San Pío X seguramente lo experimentó así en las difíciles decisiones que tuvo que tomar. No obstante, la frase que hoy nos transmite no solo se aplica a un papa, sino que todos podemos beber de la sabiduría de Dios y saber que Él no nos defraudará. No somos demasiado insignificantes para pedir consejo a nuestro Padre, pues somos sus hijos. ¿Por qué habría de negar una respuesta a sus hijos si se dirigen a Él con el corazón abierto?
Precisamente en una época en la que muchos pastores de la Iglesia han perdido el rumbo y tantos políticos y personalidades públicas están tan desorientados, es prudente recordar la sabiduría de nuestro Padre del Cielo, buscarla y pedirle consejo.
