Día 7: “Purificación del templo interior y exterior”

Hoy es el séptimo día de nuestro itinerario hacia la Santa Pascua. En la lectura de hoy, el Señor nos hace un llamado a la conversión:

«Buscad al Señor mientras se deja encontrar, llamadle mientras está cercano. Deje el malo su camino, el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al Señor, que tendrá compasión de él, a nuestro Dios, que será grande en perdonar» (Is 55,6-7).

Aunque esperamos que nuestros pensamientos y acciones no lleguen al punto de ser malvados o inicuos —¡Dios no lo permita!—, siempre estamos llamados a convertirnos más profundamente y a dejar atrás todo aquello que podría separarnos del amor de Dios. Si bien podemos contar con su misericordia y paciencia, el llamado permanente a la conversión se dirige a nuestro libre albedrío, que Él mismo nos ha concedido. El Señor quiere nuestra respuesta para guiarnos por sus caminos, que a menudo difieren de los nuestros:

«Porque no son mis pensamientos vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos —oráculo del Señor—. Porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros» (Is 55,8-9).

Parte del crecimiento en la vida espiritual consiste en aprender a seguir atentamente la guía del Espíritu Santo. Cuando lo hacemos, nuestro Padre puede introducirnos con mayor sutileza en sus caminos y nosotros los reconoceremos y emprenderemos con mayor facilidad. Entonces, no tendremos que ocuparnos primero de eliminar el obstáculo de nuestros propios pensamientos cuando estos no armonizan con los del Señor.

En el evangelio de hoy, toda la ciudad se conmovió al entrar Jesús en Jerusalén y se preguntaban: «¿Quién es éste?» (Mt 21,10). La multitud decía: «Este es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea» (v. 11).

Y el Señor no tuvo reparo en dar una señal contundente:

«Entró Jesús en el Templo y expulsó a todos los que vendían y compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los que vendían palomas, mientras les decía: “Escrito está: ‘Mi casa será llamada casa de oración’, pero vosotros la estáis convirtiendo en ‘cueva de ladrones’» (vv.12-13).

En este pasaje, encontramos otra faceta del Señor: Él no solo sana, libera e instruye con infinita bondad y sabiduría, sino que también defiende con celo la gloria de Dios. El Templo no debe ser objeto de abuso. Esto se aplica a una vinculación impura entre la religión y los intereses comerciales. Pero va más allá: nada que pueda ofender la santidad de Dios tiene cabida en el Templo. Llegados a este punto, debemos reflexionar sobre cómo nos comportamos en nuestras iglesias y cuestionarnos si a veces no suceden en ellas cosas que podrían despertar la ira de Dios. ¿Cómo habrá visto Dios que portaran una imagen de la Pachamama a la Basílica de San Pedro en Roma después de haber sido venerada en los Jardines Vaticanos?

Pero no solo el templo visible debe ser liberado de cualquier abuso. También el templo interior de nuestra alma, donde Dios quiere establecer su trono, debe ser purificado de todo lo que no corresponde a esta alta dignidad.

En este tiempo de Cuaresma, podemos pedirle de forma especial a Jesús que purifique nuestro templo interior para que Dios pueda morar en nuestro corazón y llenarlo con su presencia.

Mientras estaba en el Templo, Jesús sanó a los ciegos y cojos que acudieron a Él, y los niños clamaban: «¡Hosanna al Hijo de David!» (Mt 21,15). Esto provocó la indignación de los sumos sacerdotes y los escribas, y su hostilidad hacia el Señor fue en aumento.

¿De dónde proviene esta hostilidad que no solo encontramos en los jefes religiosos judíos de aquella época? ¿Qué les hizo Jesús? Él solo vino a cumplir las promesas, a hacer el bien y a anunciar el Reino de Dios a través de sus palabras y obras. ¿De dónde, pues, procede la hostilidad hacia el Señor a lo largo de los siglos?

«¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías» (Sal 2,1-2).

¿Por qué hasta el día de hoy presenciamos una creciente persecución de los cristianos, incluso dentro de la propia Iglesia?

Seducidos por el diablo, los hombres han abandonado los mandamientos salvíficos de Dios o les han dado cada vez menos importancia. Como nos enseña la Iglesia, existe en nosotros una inclinación al mal, por la que no pocas veces nos dejamos llevar. Si no combatimos estas malas inclinaciones con la gracia de Dios, entonces ganan terreno y se vuelven cada vez más dominantes en nuestra vida. A esto se suma el hecho de que a menudo tenemos una falsa imagen de Dios —sembrada en nosotros también por las insinuaciones y engaños del Maligno—, por lo que no nos acercamos confiadamente a Él. Además, en la actualidad, la Iglesia apenas anuncia el Evangelio con autoridad, por lo que las personas se ven privadas de un alimento espiritual sano y, a menudo, incluso reciben uno envenenado por falsas doctrinas.

Cuando esto ocurre, incurrimos en contradicción con la voluntad de Dios. Entonces, puede suceder que algunas exigencias de Dios nos parezcan imposibles de cumplir, por lo que nos cerramos a ellas o incluso empezamos a mostrarnos hostiles. Entonces, la autoridad de Dios ya no la consideramos como una expresión de su amor y de su cuidado como pastor. Si esto sucede a nivel individual, probablemente ocurrirá aún más con aquellos que ocupan posiciones de poder importantes. Si no rigen sus vidas ni sus agendas políticas según los mandamientos de Dios, caerán en la espiral de los poderes anticristianos y se convertirán en enemigos de Dios, lo que supondría una catástrofe para todos.

Así pues, como flor de la meditación de hoy, propongámonos aprender a escuchar con mucha atención al Espíritu Santo y dejarnos purificar por Él en el camino hacia la santidad, ofreciendo así resistencia al mal, tanto dentro de nosotros como a nuestro alrededor.

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Meditación sobre la lectura del día: https://es.elijamission.net/la-riqueza-de-la-palabra-de-dios-parte-1/

Meditación sobre el evangelio del día: https://es.elijamission.net/padre-nuestro-2/

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