“CRECIMIENTO EN EL AMOR”

En una ocasión, santa Gertrudis le preguntó al Señor por qué había permitido que ciertas personas la atemorizaran. El Señor le respondió: «Cuando la mano paterna quiere reprender al niño, la vara no puede oponer resistencia. Por eso, desearía que mis elegidos nunca culparan a las personas a través de las cuales son purificados, sino que vieran detrás de ellas mi amor paternal, pues yo nunca permitiría que ni siquiera el viento más leve soplara en su contra si no tuviera en mente su salvación eterna. Antes bien, deberían tener compasión de aquellos que se manchan mientras ellos son purificados».

Con esta respuesta, nuestro Padre nos introduce en un nivel superior de su escuela, deseando hacernos avanzar en el camino del amor. Son pautas muy concretas sobre cómo poner en práctica el mandamiento de amar a los enemigos, que nos supera con creces.

Hemos escuchado que, cuando tenemos que sufrir a manos de otras personas, debemos elevar la mirada a Dios y no quedarnos en la persona a través de la cual Él nos hace sentir su «vara». Esto solo es posible si tenemos una gran confianza en el Señor y estamos convencidos de su amor paternal, que Él nunca nos retira. Ciertamente, no siempre lo entenderemos con facilidad ni de inmediato. Pero debemos ponerlo en práctica en la situación concreta.

Las cosas que Dios permite que nos sobrevengan no son señal de que nos ha retirado su amor, sino de que quiere hacernos crecer y madurar. Nunca olvidemos que nuestro Señor mismo exclamó en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Y no solo debemos admirar su amor, sino también imitarlo. Para ello, es necesario dejarnos transformar por nuestro Padre celestial. En este contexto debe entenderse la «vara». Así, el Señor incluso nos invita a tener compasión de aquellos que se hacen daño a sí mismos mientras nosotros obtenemos beneficio espiritual de la mancha que se infligen.