“¿CÓMO AFRONTAR LAS CALUMNIAS?”  

«La indiferencia silenciosa ante las calumnias o injusticias suele ser un antídoto más saludable que la excesiva sensibilidad, la discordia o la venganza» (San Francisco de Sales).

Es un gran problema cuando las personas hablan mal unas de otras. Las calumnias pueden llegar a tal extremo y causar tanto sufrimiento a un alma sensible que ella puede llegar a pensar que su vida está destruida. En la actualidad, con los medios de comunicación modernos, este peligro se intensifica aún más y las calumnias pueden convertirse en una verdadera plaga.

Entonces, ¿cómo debemos afrontarlas?

El primer paso siempre debe conducirnos a Dios. Si hemos puesto toda nuestra vida en orden ante Él, si nuestras culpas han sido perdonadas y nos esforzamos sinceramente por eliminar todo aquello que aún no está bien en nuestro interior, entonces vivimos en la gracia de Dios. Mientras procuremos vivir conforme a la voluntad de nuestro Padre, permaneceremos en este estado.

Entonces, si tenemos que afrontar calumnias, nos dolerán, pero ya no podrán penetrar en nuestra alma y esparcir allí su veneno. Antes bien, el alma se volverá a Dios y se asegurará de su amor. Entonces se hará realidad lo que sugiere san Francisco de Sales en la frase de hoy: las calumnias no podrán hacernos daño, aunque tal vez puedan engañar a otras almas con menos experiencia en el camino espiritual.

Sabemos que los espíritus del mal se valen gustosamente de las calumnias para sembrar discordia y generar desasosiego envenenado. Quien está arraigado en el Señor, conviene que guarde silencio y, en cierto modo, sea indiferente hacia las calumnias, para no darles una importancia que no merecen. Si les prestamos atención, en cambio, permitiremos que envenenen nuestra alma.