Como habíamos visto en la meditación de ayer, nuestra vida empieza a concentrarse y a simplificarse cuando nos orientamos hacia el amor y la verdad.
De ninguna manera puede entenderse como “sencilla” y deseable una vida que se enfoca únicamente en la conservación material de la existencia. Tampoco se relaciona con la verdadera sencillez la falta de aptitud intelectual, que, al no comprender los contenidos más profundos, simplemente se queda con lo que le resulta más comprensible.
