Al igual que durante el año anterior, quiero también en este año dedicar el día 7 de cada mes de forma especial a nuestro Padre Celestial, y en ese sentido también seguiremos aprovechando la meditación de dicho día para meditar sobre un pasaje del “Mensaje del Padre” a Sor Eugenia Ravasio.
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Solemnidad de la Epifanía del Señor: “Reavivar el fuego del amor”
Ef 3,2-3a.5-6
Hermanos: Ya habéis oído que Dios me concedió el encargo de administrar su gracia en favor vuestro, pues mediante una revelación se me dio a conocer el misterio, que no fue dado a conocer a los hombres en generaciones pasadas. Ahora, en cambio, ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio del Espíritu: que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa cumplida en Cristo Jesús.
El amor fraterno
1Jn 3,11-21
Hermanos míos, éste es el mensaje que oísteis desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que, al ser del Maligno, mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, mientras que eran justas las obras de su hermano. No os extrañéis, hermanos, si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos.
El Camino del Cordero
Jn 1,35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo: “He ahí al Cordero de Dios”. Al oírle hablar así, los discípulos siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les preguntó: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí -que quiere decir ‘Maestro’-, ¿dónde vives?” Les respondió: “Venid y lo veréis.”
La virtud de la esperanza
1Jn 2,29.3,1-6
Si sabéis que él es justo, reconoced que quien hace lo que es justo ha nacido de él. Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Por eso el mundo no nos conoce, porque no lo reconoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Quien tiene esta esperanza en él se purifica, porque él es puro. Todo el que comete pecado comete una acción malvada, pues el pecado es la maldad. Quien permanece en él, no peca; por eso, el que peca no le ha visto ni conocido.
La riqueza y la gloria de nuestra herencia
Ef 1,3-6.15-18
Bendito sea el Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Nada podrá separarnos de Tu amor
Apenas habías llegado al mundo, oh Divino Niño, cuando Tus padres tuvieron que huir contigo a Egipto. Es admirable la obediencia de Tu padre adoptivo, San José, al partir de inmediato en cuanto hubo recibido esta orden en un sueño (Mt 2,13-14).
El esfuerzo, las fatigas y adversidades, el sufrimiento y la muerte caracterizan este mundo como consecuencia del pecado, y estaríamos para siempre perdidos si no fuera porque Tú viniste a nosotros y nos trajiste la luz de la esperanza.
Mi amor no se apartará de ti
Is 54,1-10
Alégrate, estéril, que no dabas a luz, prorrumpe en gritos de júbilo, tú que no habías concebido; pues tiene más hijos la abandonada que la casada, dice el Señor. Ensancha el espacio de tu tienda, despliega los toldos de tu morada, no te detengas; alarga tus sogas, tus clavijas asegura; pues te abrirás al sur y al norte, tu prole heredará naciones y ciudades desoladas poblará. No temas, que no te avergonzarás, ni te sonrojes, que no te afrentarán; no recordarás tu vergonzosa soltería y olvidarás la afrenta de tu viudez.
Yo soy el Señor y no hay otro
Is 45,6b-8.18.21b-25
“Yo soy el Señor, y no hay otro. Yo modelo la luz y creo la tiniebla, yo construyo la dicha y creo la desgracia. Yo, el Señor, hago todo esto. Destilad, cielos, el rocío de lo alto; derramad, nubes, la victoria. Ábrase la tierra y germine la salvación, que produzca juntamente la justicia. Yo, el Señor, lo he creado.”
El remanente santo
Sof 3,1-2.9-13
¡Ay de la rebelde, la impura, la ciudad opresora! No ha escuchado la voz, no ha aceptado la corrección; en el Señor no ha confiado, no se ha acercado a su Dios. Entonces purificaré los labios de los pueblos, para que invoquen todos el nombre del Señor, y le sirvan bajo un mismo yugo. Desde allende los ríos de Etiopía, mis suplicantes, mi Dispersión, vendrán a mí con ofrendas. Aquel día no tendrás que avergonzarte de los delitos cometidos contra mí; entonces arrancaré de en medio de ti a esa gente altanera y jactanciosa, y no volverás a ensoberbecerte en mi santo monte. Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre; se cobijará al amparo del Señor el Resto de Israel. Ya no cometerán injusticias ni dirán mentiras, ya no ocultará su boca una lengua embustera. Se apacentarán y reposarán, sin que nadie los espante.
