MANTENER EL CORAZÓN EN DIOS 

“Mantened siempre vuestro corazón en el mío” (Palabra interior).

“Donde está tu tesoro allí estará tu corazón” (Mt 6,21) –nos dice el Señor en el evangelio. Nuestro corazón ha de pertenecerle en primer lugar al Padre. En Él tiene su hogar y jamás quedará defraudado.

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SUFRIR CON DIGNIDAD Y SERENIDAD 

 “Soportad el sufrimiento con dignidad y serenidad. Así se convertirá en un gran tesoro que servirá para salvar a la humanidad.” (Palabra interior).

Nuestro Padre es capaz de hacer fecundas todas las circunstancias, haciéndonos partícipes y cooperadores de su gran obra de amor. Ciertamente el sufrimiento no era parte del plan originario de Dios para con el hombre. ¿Por qué nuestro Padre iba a crearnos para luego hacernos sufrir? Sabemos que el sufrimiento vino al mundo como consecuencia del pecado del hombre. Pero ahora se nos convierte en una buena ocasión para demostrarle al Padre nuestro amor.

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LA LUZ AHUYENTA LA OSCURIDAD 

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“La luz ahuyenta toda oscuridad, hasta el punto de que te duela aun el más mínimo falso pensamiento” (Palabra interior).

La luz es incompatible con las tinieblas y las ahuyenta. Cuando nuestro Padre pone su morada en nuestro corazón, tiene que ceder todo aquello que no debe estar ahí. Jesús nos hace notar que todos los malos pensamientos salen del corazón del hombre (Mt 15,19). Cuando los rayos de la luz de Dios penetran en nuestro corazón, quieren disipar los malos pensamientos. Sin embargo, esto no sucede de un momento al otro, porque a veces éstos ya han echado raíces en nosotros. Con la gracia de Dios y con nuestra voluntad empezamos a renunciar a ellos, pero hace falta un proceso hasta que realmente adquiramos una gran distancia interior.

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DE BUENA GANA, ENTERA E INMEDIATAMENTE 

 “Haz la Voluntad del Padre Celestial de buena gana, entera e inmediatamente” (Palabra interior).

¡Qué sencillez tan grandiosa adopta nuestra vida cuando empezamos a hacer realidad estas palabras! ¡Qué alegría para el Padre Celestial cuando un alma busca servirle de este modo! ¡Cuántas complicaciones innecesarias, que a menudo hacen que la vida se vuelva lenta y pesada, desaparecerán! ¡Con qué facilidad nuestro Padre puede guiar a un alma así, comunicándole su Voluntad!

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NUESTRO PADRE NOS EDUCA

“Dios os trata como a hijos, ¿y qué hijo hay a quien su padre no corrija?” (Hb 12,7).

En un primer momento, quizá estas palabras suenen atemorizantes para algunos. Pero este susto no es justificado, porque nuestro Padre no quiere otra cosa más que darnos aquella formación que necesitamos para alcanzar nuestra meta.

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EL TIEMPO PROPICIO

“El tiempo es propicio; no dejéis escapar el amor que se ofrece a vuestro corazón de forma tan palpable” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).

Vivimos en el tiempo de la gracia, en el así llamado “Kairós”. La puerta al Corazón de Dios está abierta de par en par gracias a su Hijo. Está abierta para todos los hombres, si aceptan la invitación de Dios y se vuelven a Él. Pero, además de este tiempo de gracia para la humanidad a nivel general, el Señor nos concede una y otra vez momentos de gracia particular.

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PREOCUPARSE POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS

Una vez culminada la serie de meditaciones sobre cómo conocer, honrar y amar más profundamente al Padre Celestial, conviene escuchar de su propia boca por qué Él pide de nosotros estas tres cosas cosas. Dice así en el Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio:

“Solamente pido del hombre algo que él puede darme: su confianza, su amor y su gratitud. No es que desee ser conocido, honrado y amado porque estuviese necesitado de mi criatura o de su adoración. ¡No! Es sólo porque deseo salvarla y hacerla partícipe de mi gloria que me rebajo a ella. Mi bondad y mi amor me hacen ver que aquellos seres que he sacado de la nada y que he adoptado como verdaderos hijos, están a punto de precipitarse en gran número a la eterna desgracia con los demonios, fallando así al propósito de su creación y perdiéndose para el tiempo y para la eternidad.”

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