“Un fino hilo de oro recorre nuestra vida. Si encontramos este hilo y lo seguimos, nuestra vida se vuelve menos tediosa y más fecunda. Este ‘hilo de oro’ es la guía del Espíritu Santo, que es sumamente fina y sutil. Cuando lo seguimos, todo lo que hacemos queda aún más marcado por lo sobrenatural y, en consecuencia, lo hacemos con más agilidad” (basado en una “palabra interior”).
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LA ELECCIÓN DE DIOS
“Tú eres mi amigo y confidente” (Palabra interior).
En el Mensaje a la Madre Eugenia Ravasio, el Padre se nos ofrece como amigo y confidente, y nos da a entender que así llegaremos a la plenitud del amor: cuando hayamos aprendido a amarle tal como Él lo desea, “es decir, no sólo como vuestro Padre sino también como vuestro amigo y confidente.”
ATRACCIÓN IRRESISTIBLE
“La mansedumbre, combinada con la claridad del Espíritu, es irresistible para aquellos que buscan la verdad” (Palabra interior).
Estas palabras reflejan cómo es Dios mismo, a la vez que nos invitan a asemejarnos a Él. Es el Espíritu Santo quien puede conducirnos a adoptar más y más la actitud de Dios. Es Él quien produce en nosotros los frutos del Espíritu y nos modela a imagen de Dios. Pensemos en el fruto de la mansedumbre y en el don de entendimiento y sabiduría, que resuenan particularmente en la frase de hoy.
“ME COMPLAZCO EN ESTAR ENTRE VOSOTROS”
“¡Cuánto me complazco en estar entre vosotros, hora tras hora, día tras día!” (Palabra interior).
Las declaraciones de amor de nuestro Padre son incontables y conmueven el corazón.
Si nosotros, los hombres, interiorizásemos estas palabras, se nos abriría un maravilloso horizonte en nuestra vida. En efecto, ¡qué distinto es vivir con la certeza de ser hijos amados y buscados por Dios, a creer que tenemos que mendigar amor para sentirnos valiosos, como ocurre con bastante frecuencia! No, no es necesario luchar por este amor, sino que ya está ahí, desde siempre y para siempre. ¡Es indestructible! Sólo nosotros mismos podemos alejarnos del amor de Dios, pero sin que nuestro Padre deje de amarnos, porque “Dios es amor” (1Jn 4,8b).
“ENTRÉGAME TODO”
“Entrégame todo lo que quiera agobiarte. ¡Yo soy tu Padre!” (Palabra interior).
¿No es acaso una gran contradicción si, a pesar de conocer a nuestro Salvador y experimentar la bondad de nuestro Padre Celestial, seguimos pareciendo abatidos y deprimidos en la vida? ¿Acaso no sabemos adónde ir con nuestras culpas? ¿Ignoramos cuán dispuesto está Dios a perdonarlas una vez que nos arrepentimos sinceramente?
EL AMOR DE LOS NIÑOS POR EL PADRE
“¡Cuán grande sería mi alegría al ver a los padres enseñando a sus hijos a llamarme frecuentemente con el nombre de “Padre”, lo que realmente soy!” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Aquí nuestro Padre se dirige a los padres de familia, pidiéndoles lo más valioso que ellos pueden darle a Él y a sus hijos: enseñarles a invocar al Dios santo con el nombre de “Padre” y a encontrar su hogar en la “gran familia de Dios”, en la comunión con el Padre Celestial y con todos los santos y ángeles, a la que todos los hombres están llamados. ¡Qué horizonte se abre aquí para los niños! ¡Qué cobijamiento experimentan! Así, se les da un fundamento para sus vidas, capaz de sostenerlos y mantenerlos firmes cuando lleguen las crisis.
EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
“Hijos míos, no os describiré toda la magnitud de mi infinito amor, porque basta con abrir los Libros Sagrados, contemplar el Crucifijo, el Sagrario y el Santísimo Sacramento, para poder comprender hasta qué punto os he amado” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Hay comunidades y parroquias en las que se adora con frecuencia el Santísimo Sacramento expuesto. Incluso hay lugares donde se practica la “adoración perpetua”. Ciertamente esto es una realización ya aquí en la Tierra de lo que haremos sin cesar y sin límites en la eternidad: adorar a la Santísima Trinidad. Si se lleva a cabo esta “adoración perpetua” las 24 horas del día y de la noche, ciertamente ésta fomenta la vigilante espera del Retorno del Señor y nos prepara para recibirlo.
EL SAGRARIO
“Hijos míos, no os describiré toda la magnitud de mi infinito amor, porque basta con abrir los Libros Sagrados, contemplar el Crucifijo, el Sagrario y el Santísimo Sacramento, para poder comprender hasta qué punto os he amado” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Nuestro Padre no nos dejó huérfanos (cf. Jn 14,18) cuando su Hijo, después de haber resucitado, volvió a su derecha con toda su gloria. Jesús instituyó la Santa Eucaristía, y la Iglesia puede actualizar diariamente su sacrificio, en que Él se nos da a sí mismo como alimento.
LA CRUZ
“Hijos míos, no os describiré toda la magnitud de mi infinito amor, porque basta con abrir los Libros Sagrados, contemplar el Crucifijo, el Sagrario y el Santísimo Sacramento, para poder comprender hasta qué punto os he amado” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
La insuperable prueba del amor de Dios por nosotros es la Cruz de nuestro Salvador. En ella se muestra hasta dónde llega el amor de nuestro Padre, que no escatima ni el sufrimiento ni la muerte con tal de salvarnos. Todos sabemos que el Señor cargó un sufrimiento inconmensurable; a saber, el pecado del mundo entero y de todos los tiempos.
LA SAGRADA ESCRITURA
“Hijos míos, no os describiré toda la magnitud de mi infinito amor, porque basta con abrir los Libros Sagrados, contemplar el Crucifijo, el Sagrario y el Santísimo Sacramento, para poder comprender hasta qué punto os he amado” (Mensaje del Padre a Sor Eugenia Ravasio).
Nosotros, los hombres, aún no podemos captar el amor de nuestro Padre en toda su magnitud. Sin embargo, lo que ya podemos apreciar es suficiente para responderle con todo nuestro amor y confianza.
