«Que nadie dude de la bondad de Dios, pues aunque sus pecados fueran negros como la noche, la misericordia de Dios es más fuerte que nuestra miseria. Pero una cosa es necesaria: que el pecador abra un poco la puerta de su corazón al rayo de la misericordia de Dios» (Santa Faustina Kowalska).
