“TODO ES PRÉSTAMO DE DIOS”

«Todo lo que tenemos en esta vida nos ha sido dado para nuestro uso y encomendado como préstamo» (Santa Catalina de Siena).

Es una frase de gran importancia, ya que nos recuerda que todo lo que tenemos procede de nuestro Padre, a quien pertenece nuestra vida y todo lo que forma parte de ella. Sin embargo, como seres humanos, corremos el peligro de apropiarnos de las cosas, como si procedieran de nosotros mismos. La consecuencia es que colocamos fácilmente a Dios en un segundo plano, dando el primer lugar a nuestros propios logros y cualidades. Estos incluso pueden convertirse en nuestro supuesto «tesoro». Así, puede suceder que no dejemos traslucir suficientemente la presencia de Dios en nuestra vida y que, por tanto, se debilite nuestro testimonio, cuya primera tarea consiste en glorificar a Dios.

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“UN CONSEJO DE SAN PABLO”  

«[Sed] alegres en la esperanza y pacientes en la tribulación» (Rom 12,12).

El apóstol san Pablo dirige esta exhortación a la comunidad cristiana de Roma para fortalecerla en el Espíritu del Señor. Siempre hay que mantener viva la llama de la esperanza. Sin embargo, no debe ser confundida con un optimismo humano, que es efímero, sino que es una de las tres virtudes teologales que nos unen profundamente a nuestro Padre celestial. La verdadera esperanza siempre está dirigida a Dios, pues Él mismo es nuestra esperanza.

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“¿CÓMO AFRONTAR LAS CALUMNIAS?”  

«La indiferencia silenciosa ante las calumnias o injusticias suele ser un antídoto más saludable que la excesiva sensibilidad, la discordia o la venganza» (San Francisco de Sales).

Es un gran problema cuando las personas hablan mal unas de otras. Las calumnias pueden llegar a tal extremo y causar tanto sufrimiento a un alma sensible que ella puede llegar a pensar que su vida está destruida. En la actualidad, con los medios de comunicación modernos, este peligro se intensifica aún más y las calumnias pueden convertirse en una verdadera plaga.

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“DIOS PADRE ES NUESTRA FUENTE”  

«Yo soy tu fuente» (Palabra interior).

En todo momento podemos acudir a esta fuente, de la que siempre mana el agua de la vida divina para iluminar y sanar nuestra vida, para saciar nuestra sed de amor y de verdad. Como dijo Jesús a la samaritana junto al pozo de Jacob: «El que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

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“GLORIFICAR A DIOS MEDIANTE LA EVANGELIZACIÓN”  

«¡Cuánto desearía que los hombres escucharan a mi Hijo y glorificaran así al Padre que está en los cielos!» (Palabra interior).

Estamos en este mundo con el fin de servir a nuestro Padre y glorificarle mediante una vida de seguimiento de su Hijo. Para que este sentido más profundo de la existencia humana se haga realidad, es preciso anunciar el Evangelio con autoridad. En efecto, ¿cómo podrían las personas conocer a su Padre del Cielo durante su vida terrenal si no es a través de aquel que es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6)?

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