“LA HUMILDAD ES LA VERDAD”  

«La humildad es la verdad; nos sitúa de nuevo en nuestra condición real, porque, en realidad, ¿qué somos ante Dios?» (Santa Francisca Saverio Cabrini).

La humildad es la verdad y, por tanto, nos despierta a una visión real de nuestra vida. ¡Qué absurda es la soberbia, que empaña nuestra mirada y, con el tiempo, nos ciega! Basta con pensar en el ángel caído, que se embriagó de su propia belleza y, en su delirio, se rebeló contra nuestro Padre Celestial.

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“EL AMOR TRIUNFANTE”  

«No te desanimes si otros te rechazan o incluso te odian. Permanece en el amor, que soy Yo mismo. Tal vez así puedas conquistarlos» (Palabra interior).

Sin duda, es difícil soportar el rechazo de otras personas, pues hemos sido creados por nuestro Padre celestial por amor y para el amor. En la senda del amor, nuestra vida puede desarrollarse en verdadera armonía. En cierto sentido, el rechazo y el odio cuestionan nuestra existencia, más aún cuando se trata de personas que han sido o son cercanas a nosotros.

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“LA FUERZA QUE VIENE DEL CIELO”

«En la guerra la victoria no depende del número de soldados, sino de la fuerza que viene del Cielo» (1Mac 3,19).

Probablemente, en la Iglesia militante quede solo un pequeño rebaño que se defiende de los ataques y las insidias del Maligno. ¿Un motivo para rendirse? ¡De ninguna manera! El versículo previo del Libro de Macabeos dice así: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos» (1Mac 3,18).

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“MI VIDA ES SU REGALO”  

«Te doy gracias, porque me has formado portentosamente, porque son admirables tus obras» (Sal 138,14).

¿Se lo hemos dicho alguna vez a nuestro Padre Celestial? ¿Hemos intentado mirarnos a nosotros mismos tal y como Dios nos mira y tomar conciencia del amor con el que nos ha llamado a la existencia? ¿Le hemos dado las gracias de todo corazón?

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“SÓLO SU MISERICORDIA”  

«No sé si el buen Dios está contento conmigo, pero me entrego totalmente a Él. ¡Oh, cuán dulce es no pensar en nada en el último momento, ni en los propios pecados ni en las virtudes, sino solo en la misericordia!»  (Palabras del beato Eduardo Poppe en su lecho de muerte).

¡Qué paz tan dichosa emana de estas palabras pronunciadas por el beato Eduardo Poppe en su lecho de muerte! Lo dejó todo atrás y se centró por completo en el Señor. ¡Qué maravilloso es poder entrar así en la eternidad, confiando firmemente en la misericordia de Dios!

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“CRECIMIENTO EN EL AMOR”

En una ocasión, santa Gertrudis le preguntó al Señor por qué había permitido que ciertas personas la atemorizaran. El Señor le respondió: «Cuando la mano paterna quiere reprender al niño, la vara no puede oponer resistencia. Por eso, desearía que mis elegidos nunca culparan a las personas a través de las cuales son purificados, sino que vieran detrás de ellas mi amor paternal, pues yo nunca permitiría que ni siquiera el viento más leve soplara en su contra si no tuviera en mente su salvación eterna. Antes bien, deberían tener compasión de aquellos que se manchan mientras ellos son purificados».

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