«Un hombre que controla sus pasiones es amo de su mundo. O las dominamos, o nos esclavizan. Es mejor ser martillo que yunque» (Santo Domingo de Guzmán).
Showing all posts in 3 minutos para Abbá
“UNA ALEGRÍA PARA LOS SANTOS”
«Los santos te ayudarán y te servirán» (Palabra interior).
Para nosotros, que intentamos seguir y servir a Cristo, estas promesas son importantes. Los santos son nuestros amigos más entrañables en este camino, pues ellos ya han alcanzado la perfección en el amor a Dios y al prójimo. ¿Cómo podrían negarse a acudir en ayuda de aquellos que aún están de camino, que no han alcanzado la meta y que están tan necesitados de su apoyo? ¿Cómo podrían desviar la mirada mientras sus amigos siguen peregrinando hacia su patria eterna?
AVISO

Novena a Dios Padre – Día 1: “Dios es amor”
A lo largo de los próximos 9 días, escucharemos breves meditaciones sobre nuestro Padre del cielo, intercaladas con cantos en su honor. Algunos fieles católicos celebran cada 7 de agosto una Fiesta en honor del Padre Celestial, el Padre de toda la humanidad. Esta fiesta se remonta a una petición que Él mismo expresó a la Madre Eugenia Ravasio en el año 1932. Esta revelación privada fue cautelosamente examinada y aprobada por el obispo local de la diócesis donde sucedieron los acontecimientos. Yo mismo también me topé hace varios años con este mensaje y me pareció muy valioso, pues me ayudó a profundizar mi relación con Dios Padre.
EL AMOR DE DIOS ABARCA A TODOS LOS HOMBRES
«Así como el sol brilla sobre todos los árboles y las flores, como si cada uno fuera el único en la Tierra, así Dios cuida de cada alma de una manera especial» (Santa Teresita del Niño Jesús).
Con la comparación de Santa Teresita, podemos entenderlo muy bien. El amor de nuestro Padre se extiende a todos los hombres y quiere guiar a cada uno de ellos hacia su Reino. Nadie está excluido de ese amor, ni el justo ni el pecador. La diferencia estriba en si lo acogemos y empezamos a vivir en él o si le cerramos nuestro corazón.
Y así es en realidad: Dios ama a cada persona de forma singular y cuida de ella como si fuera la única en el mundo. Eso es posible para Él porque Él mismo es amor. Nuestro Padre no tiene límites en sí mismo y, por eso, su amor nunca se agota. A quien está alejado de Él, lo llama para que vuelva y así colmarlo de bendiciones. A quien ya vive en comunión con Él, le enseña a crecer en su amor.
«Vuestro Padre que está en los cielos hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores» (Mt 5,45).
Dios colma de beneficios a todos los hombres. Precisamente en ello se manifiesta su amor que todo lo abarca. Todos estamos llamados a vivir en él y a cumplir así la tarea encomendada a cada persona en su peregrinación hacia la eternidad. Los más pobres de la Tierra son aquellos que no conocen a nuestro Padre ni su amor, a pesar de que este los envuelve constantemente. Por eso, el Hijo de Dios viene al mundo y nos dice:
«Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12).
¡El sol de lo alto nos ha visitado para iluminar a toda la humanidad (cf. Lc 1,78-79)!
¡DIOS LO ES TODO!
«Yo soy tu libertad y tu alegría, así como lo soy para mi Hijo y para los ángeles» (Palabra interior).
AMISTAD DIVINA
«Te ofrezco una amistad divina y la unión de voluntades» (Palabra interior).
LA PERMANENTE PRESENCIA DE DIOS
«Deseo que el hombre recuerde frecuentemente que yo estoy ahí donde él está» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
NEGARSE A SÍ MISMO
«Te aseguro que la victoria consiste en vencerte a ti mismo. Ese es el mayor enemigo» (San Pablo de la Cruz).
Hoy volvemos a escuchar una frase de san Pablo de la Cruz. ¡Cuán valiosas son las frases de los santos! A menudo brotan de una comunión muy íntima con Dios. A veces son palabras que el mismo Señor les ha inspirado y, otras veces, son el fruto de un largo camino espiritual. En cualquier caso, son joyas que deberíamos atesorar.
La frase de hoy nos revela quién es nuestro mayor enemigo. No son ni el diablo ni el mundo con todas sus seducciones y tentaciones. No, somos nosotros mismos, con nuestras malas inclinaciones y esos hábitos de los que no queremos desprendernos tan rápidamente. En otras palabras, el amor propio es nuestro mayor enemigo. Es tenaz y está profundamente arraigado. A menudo se esconde y no lo identificamos lo suficiente. Tendremos que luchar contra el amor propio hasta el final de nuestros días. Es, por así decirlo, nuestro compañero inseparable, nuestro «amante secreto» que se acaba imponiendo una y otra vez. Por desgracia, esto sigue siendo así incluso cuando ya hemos emprendido el camino del seguimiento del Señor y sabemos que debemos poner en práctica la exhortación de Jesús a negarnos a nosotros mismos (cf. Mt 16,24).
Se trata de una lucha realmente tenaz que hay que librar día tras día, no con actitud tensa y apretando los dientes, sino con perseverancia, siendo conscientes de que, por lo general, será un largo camino. Para ello, hace falta un sincero conocimiento de uno mismo. Debemos estar dispuestos a descubrir cómo nuestra naturaleza nos tiende trampas y a percibir cómo el amor propio siempre intenta eludir los pasos necesarios para el crecimiento espiritual. ¡Cuántas excusas y justificaciones tiene siempre a la mano! ¡Y algunas suenan sumamente razonables!
Entonces, ¿qué hemos de hacer? Debemos pedirle al Espíritu Santo su luz para conocernos a nosotros mismos y esforzarnos de verdad por superar el amor propio, pues éste obstaculiza el amor a Dios y al prójimo.
¡Esta lucha agradará a nuestro Padre y, con su gracia, saldremos victoriosos!
NO INQUIETARSE ANTE LAS IMPERFECCIONES
«Si una mota de imperfección se adhiere a tu corazón, no te preocupes; arrójala inmediatamente al fuego del amor divino y pide perdón con sincero arrepentimiento. Sigue viviendo en paz» (San Pablo de la Cruz).
He aquí un buen consejo espiritual que nos ofrece un «alma ardiente» para avanzar en el camino de la santidad. De hecho, no conviene que caigamos en una inquietud y preocupación innecesarias cuando descubrimos imperfecciones en nosotros mismos. Por supuesto, tampoco debemos pasarlas por alto ni mucho menos acostumbrarnos a ellas. Más bien, se nos aconseja hoy lidiar sabiamente con nuestras imperfecciones. Aún estamos de camino y no hemos llegado a la meta. Nuestro Padre no espera que seamos perfectos en el momento de encontrarnos con Él, sino que quiere guiarnos hacia la perfección. Un simple acto de autoconocimiento bastará para darnos cuenta de que aún nos falta mucho para llegar a la meta. ¿Quién podría decir que ya ama perfectamente?
El fuego del Espíritu Santo que ha sido encendido en nosotros quiere, por supuesto, que lleguemos a ser tan puros y perfectos como sea posible en esta vida terrenal. De hecho, estamos llamados a ser como nuestro divino Maestro. Cuando nos topemos con nuestras imperfecciones, aunque sean apenas como una mota de polvo, debemos llevarlas inmediatamente ante nuestro Padre, pedirle perdón y dejar que el fuego del amor divino nos purifique, tal y como nos dice san Pablo de la Cruz. Se trata de un proceso que tendremos que repetir una y otra vez en nuestro camino espiritual, y cada vez experimentaremos el amor generoso de nuestro Padre celestial. Al mismo tiempo, nuestro Señor no dejará pasar ninguna oportunidad de ayudarnos a avanzar en el camino de la santidad, siempre y cuando estemos dispuestos.
En este intercambio interior de amor, crece la familiaridad con Dios y se disipa todo miedo a Él, sin que por ello descuidemos la vigilancia. Permanecemos en paz y aceptamos con humildad y gratitud que aún nos queda un largo camino por recorrer.
