“LA VERDAD NOS FORMA”

«Con la verdad sucede lo mismo que con la caridad. Cuanto más la expreses y la pongas en práctica, más profundamente penetrará en tu interior y moldeará todo tu ser» (Palabra interior).

Vivir en la verdad y expresarla es un bien supremo que nos hace semejantes al Hijo de Dios, quien puede decir de sí mismo: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). Mientras que la mentira y la deshonestidad deforman nuestra persona, la verdad tiene el efecto contrario. Ella no tolera la mentira ni el engaño, sino que nos moldea según la imagen con la que Dios nos creó.

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“LA GUÍA PACIENTE DE DIOS”

«Siempre debe ser mi guía la que ordene todo según la sabiduría» (Palabra interior).

A través de sus mandamientos y santas palabras, así como de las circunstancias de vida en las que nos ha colocado, nuestro divino Padre no solo nos ofrece una orientación general sobre cómo debemos vivir, sino que también quiere asumir concretamente las riendas de nuestra vida. Nos resultará fácil comprenderlo si tenemos presente que el Padre conoce nuestra vida en su totalidad y que, desde el principio, le ha dado un sentido y una misión específicos. En la Carta a los Efesios, san Pablo afirma: «Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer las obras buenas que Dios había preparado para que las practicáramos» (Ef 2,10).

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“RESISTIR CON EL ESCUDO DE LA FE”

«¡Nunca te dejes intimidar por las maquinaciones de los demonios!» (Palabra interior).

En nuestro camino espiritual, no podemos ni debemos pasar por alto estas potestades hostiles a Dios. Es cierto lo que dice santa Teresita del Niño Jesús cuando habla de los «demonios cobardes» que no pueden hacernos daño si vivimos en estado de gracia. El Señor confirió a sus apóstoles poder sobre los espíritus inmundos (cf. Mc 3,15). Sin embargo, san Pedro nos advierte en su epístola: «Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario, el diablo, como un león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (Palabra interior). leer más

“COMBATES SALUTÍFEROS”

«Cada combate que aceptes, que libremos y concluyamos juntos de forma victoriosa contribuye a la salvación de las almas» (Palabra interior).

Si dejamos que esta frase cale hondo en nosotros, muchas cosas pueden cambiar en nuestra vida. Por supuesto, los combates interiores son desagradables y seguirán siéndolo hasta el final: ¿a quién le gusta experimentar que la carne se rebele contra el espíritu? ¿Y quién no anhela que esta contradicción interior concluya finalmente en la eternidad?

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“EL VERDADERO PRÍNCIPE DE LA PAZ”

«Él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar y desde el Río hasta los confines de la tierra» (Zac 9,10b).

Fue el «Hijo del Altísimo» quien nos trajo la verdadera paz y llama a todos los pueblos a vivir en ella. En el Mensaje a sor Eugenia Ravasio, nuestro Padre Celestial subraya que la paz llega cuando los hombres lo reconocen, lo honran y lo aman. La paz interior y exterior solo puede reinar si vivimos de acuerdo con los mandamientos de Dios.

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“HABLAR CON MODERACIÓN”

«Si alguien habla con moderación, se vuelve apacible, manso y sencillo. En efecto, si refrena su lengua y no habla sin antes haber examinado, sopesado y reflexionado sobre sus palabras, sobre si debe pronunciarlas y si debe decírselas a la persona que tiene frente a sí, practica de forma concreta la modestia, la mansedumbre y la paciencia» (San Ambrosio de Milán).

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“TRABAJAR EN LA VIÑA DEL SEÑOR”

«Dios entra a habitar en un alma cuando ésta no sólo medita en su amor, sino que también trabaja en él día y noche» (Santa Brígida de Suecia).

No basta con contemplar, admirar y alabar el amor de Dios, sino que también hay que ponerlo en práctica día tras día mediante las obras de caridad. Estas implican las obras externas, pero también el trabajo constante en nuestro propio corazón, a fin de superar, con la gracia de Dios, todo aquello que impide el despliegue del verdadero amor. Esta es la voluntad de nuestro Padre, tal y como lo deja claro Santa Brígida.

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