«Cuando el alma contemple algo bello y encantador, que considere cuánto más bello, encantador y bueno es Aquel que lo hizo. Así se dirigirá directamente hacia Aquel que todo lo creó. Si escucha una dulce melodía u otra cosa que la deleite, que diga: ‘¡Oh! Qué adorable debe ser la voz de Aquel que un día te llamará y de quien emana toda la gracia y la armonía de la voz’». (Santa Matilde de Magdeburgo).
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“ME DEJO ENCONTRAR FÁCILMENTE”
«Me dejo encontrar fácilmente, porque estoy aquí y en ti» (Palabra interior).
Los maestros de la vida espiritual nos recuerdan una y otra vez que podemos encontrar a Dios en nuestro interior. Y es así, porque el Señor mismo nos lo aseguró: «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23).
“LLEVAR EN EL CORAZÓN A TODAS LAS PERSONAS”
«Lleva en el corazón a todas las personas y tráelas a mí» (Palabra interior).
¿Cómo hacer realidad esta palabra?
Pensemos en nuestro Padre celestial. Él lleva en su corazón a todas las personas, sin excepción, y conoce a cada una por su nombre. Sin duda, quiere salvar a todas y conducirlas de regreso a su hogar eterno. Para ello, envió a su propio Hijo al mundo.
“LA HUMILDAD ES LA VERDAD”
«La humildad es la verdad; nos sitúa de nuevo en nuestra condición real, porque, en realidad, ¿qué somos ante Dios?» (Santa Francisca Saverio Cabrini).
La humildad es la verdad y, por tanto, nos despierta a una visión real de nuestra vida. ¡Qué absurda es la soberbia, que empaña nuestra mirada y, con el tiempo, nos ciega! Basta con pensar en el ángel caído, que se embriagó de su propia belleza y, en su delirio, se rebeló contra nuestro Padre Celestial.
“EL AMOR TRIUNFANTE”
«No te desanimes si otros te rechazan o incluso te odian. Permanece en el amor, que soy Yo mismo. Tal vez así puedas conquistarlos» (Palabra interior).
Sin duda, es difícil soportar el rechazo de otras personas, pues hemos sido creados por nuestro Padre celestial por amor y para el amor. En la senda del amor, nuestra vida puede desarrollarse en verdadera armonía. En cierto sentido, el rechazo y el odio cuestionan nuestra existencia, más aún cuando se trata de personas que han sido o son cercanas a nosotros.
“LA FUERZA QUE VIENE DEL CIELO”
«En la guerra la victoria no depende del número de soldados, sino de la fuerza que viene del Cielo» (1Mac 3,19).
Probablemente, en la Iglesia militante quede solo un pequeño rebaño que se defiende de los ataques y las insidias del Maligno. ¿Un motivo para rendirse? ¡De ninguna manera! El versículo previo del Libro de Macabeos dice así: «Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos» (1Mac 3,18).
“MI VIDA ES SU REGALO”
«Te doy gracias, porque me has formado portentosamente, porque son admirables tus obras» (Sal 138,14).
¿Se lo hemos dicho alguna vez a nuestro Padre Celestial? ¿Hemos intentado mirarnos a nosotros mismos tal y como Dios nos mira y tomar conciencia del amor con el que nos ha llamado a la existencia? ¿Le hemos dado las gracias de todo corazón?
“¡NADA DE DESÁNIMO!”
«Debes eliminar la palabra “desánimo” de tu vocabulario. Cuanto más sientas tu debilidad, más debes recordar que un abismo llama a otro (Sal 41,8): el abismo de tu miseria atrae el abismo de su misericordia» (Santa Isabel de la Trinidad).
“LA CASTIDAD VIRGINAL DE LA VERDAD”
«Es mejor morir en este tiempo que acatar cualquier orden que violaría la castidad virginal de la verdad» (San Hilario de Poitiers).
La frase de hoy procede de un elocuente obispo que defendió valientemente la santa fe durante la crisis arriana y se aplica a todos nosotros, que queremos seguir a Aquel que es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6).
ABRIR LA PUERTA DEL CORAZÓN
«Que nadie dude de la bondad de Dios, pues aunque sus pecados fueran negros como la noche, la misericordia de Dios es más fuerte que nuestra miseria. Pero una cosa es necesaria: que el pecador abra un poco la puerta de su corazón al rayo de la misericordia de Dios» (Santa Faustina Kowalska).
