«Con la verdad sucede lo mismo que con la caridad. Cuanto más la expreses y la pongas en práctica, más profundamente penetrará en tu interior y moldeará todo tu ser» (Palabra interior).
Vivir en la verdad y expresarla es un bien supremo que nos hace semejantes al Hijo de Dios, quien puede decir de sí mismo: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). Mientras que la mentira y la deshonestidad deforman nuestra persona, la verdad tiene el efecto contrario. Ella no tolera la mentira ni el engaño, sino que nos moldea según la imagen con la que Dios nos creó.
