“SEGUIR AL BUEN PASTOR”

« Yo soy el buen pastor, conozco las mías y las mías me conocen» (Jn 10,14).

¡El Buen Pastor! ¡Qué comparación tan reconfortante, aunque hoy en día ya no es frecuente toparse con un pastor guiando a su rebaño! Sin embargo, esta imagen nos habla en lo más profundo. En nuestro interior, sabemos muy bien lo que significa el Buen Pastor: es aquel que nos cuida, que se preocupa por nuestra vida, que nunca nos pierde de vista, que nos advierte de los peligros y nos conduce a las verdes praderas, allí donde está nuestro verdadero hogar.

leer más

“NO JUZGUÉIS”

 

«No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis se os juzgará» (Mt 7,15-16a).

El sentido más profundo de esta palabra del Señor se nos revela cuando pensamos en nuestro Padre celestial. Basta con fijarnos en cómo nos trata para aprender cómo nosotros debemos tratar al prójimo. Lo veremos de forma muy clara en la reflexión de mañana, que nos presentará el encuentro entre Jesús y la mujer adúltera.

leer más

“LA JERARQUÍA ESPIRITUAL”

«Buscad primero el Reino de Dios, y todo lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6,33).

¡Cómo se pondría todo en orden en nuestra vida si tan solo acatáramos este consejo del Señor! Se restablecería esa jerarquía espiritual que lo rige todo y que, por desgracia, se ha alborotado tanto. Entonces, nuestro Padre celestial podría concedernos con facilidad todo lo que nos tiene preparado, porque nos encontraría receptivos. En cierto sentido, se anticiparía aquí, en la Tierra, la vida futura, pues, sin duda, la mayor dicha y gloria de todos los ángeles y santos es cumplir la Santa Voluntad de Dios.

leer más

“¿CÓMO LIDIAR CON LAS PREOCUPACIONES?”

«No andéis preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer, qué vamos a beber? (…) Bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso estáis necesitados» (Mt 6,31-32).

Las Sagradas Escrituras nos exhortan una y otra vez a no dejarnos llevar por las preocupaciones, que pueden hacernos sentir que no hay salida. Las preocupaciones pueden acompañarnos constantemente, corroer nuestra fuerza de vivir y hacer que miremos al mundo con cara avinagrada. Están ahí desde que nos despertamos por la mañana y ni siquiera nos dejan en paz por la noche.

leer más

 “LA ORACIÓN DEL SEÑOR”

«Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra; danos hoy nuestro pan cotidiano; y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos pongas en tentación, sino líbranos del mal» (Mt 6,9-13).

Esta es la oración que el propio Jesús nos enseñó para que podamos dirigirnos a nuestro divino Padre de esta manera tan familiar. leer más

“BUSCAR AL PADRE EN LO OCULTO”

«Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre» (Mt 6,6).

¡Qué espacio tan íntimo nos ofrece el Señor! Por muy hermosas que sean las iglesias y los recintos sacros, cuando albergan dignas liturgias y la oración común de los fieles, nuestro Padre celestial nos concede un acceso a Él que permanece siempre abierto. Las puertas de su corazón nunca se cierran y está siempre presto a escucharnos. Por tanto, podemos entrar en un diálogo incesante con Él. Esta oración en lo escondido es inmensamente valiosa y no siempre requiere gestos externos, sino un corazón abierto hacia nuestro Padre.

leer más

“PEDID Y SE OS CONCEDERÁ”

«En verdad os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá» (Mc 11,24).

La oración es el gran diálogo con Dios. Al garantizarnos que nuestras súplicas serán escuchadas, el Señor nos hace un gran regalo y nos muestra su amor. En realidad, si tenemos fe, esta promesa resulta tan sencilla y atrayente para nosotros.

leer más

“SOBRE LAS BIENAVENTURANZAS”

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos» (Mt 5,8-10).

¿Cómo podemos adquirir un corazón puro, uno capaz de explorar sus propias profundidades a la luz del Espíritu Santo y de entregarle a Dios toda oscuridad que detecta?

La gran meta de un corazón puro consiste en hacer con amor todo lo que Dios, en su amor, nos ha confiado y encomendado.

leer más

“LLAMADOS A SER LUZ DEL MUNDO”

«Vosotros sois la luz del mundo (…). Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mt 5,14a.16).

Esta maravillosa palabra va dirigida a los discípulos del Señor, es decir, ¡a cada uno de nosotros! A través de la unión con Jesús, no solo somos iluminados por su luz, sino que nosotros mismos nos convertimos en luz del mundo al transmitir la Palabra de Dios y realizar sus obras. Y, puesto que quien nos lo dice es el Divino Maestro, el Hijo de Dios, no se trata de presunción por nuestra parte.

leer más

“YO SOY LA LUZ DEL MUNDO”

NOTA: Hoy comienzo una serie con los “3 Minutos para Abbá” que se relaciona estrechamente con una obra musical que está realizando Harpa Dei. Su intención es poner a las personas en contacto con las palabras de Nuestro Señor Jesucristo a través de cantos gregorianos que entonan dichas palabras. Con este fin, publicarán pequeños vídeos en su canal, que al final de la serie se recopilarán en un solo vídeo con «sus mismísimas palabras». Me complace mucho apoyar este proyecto con breves meditaciones en el marco de los «3 minutos para Abbá», en las que tematizaré una por una las palabras de Jesús que han escogido. Puesto que el Señor dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14, 9b) y «Yo hablo lo que he visto en mi Padre» (Jn 8, 38), escuchamos a través de sus palabras la voz del Padre mismo. Empecemos hoy con la primera palabra:

leer más