«Si alguien habla con moderación, se vuelve apacible, manso y sencillo. En efecto, si refrena su lengua y no habla sin antes haber examinado, sopesado y reflexionado sobre sus palabras, sobre si debe pronunciarlas y si debe decírselas a la persona que tiene frente a sí, practica de forma concreta la modestia, la mansedumbre y la paciencia» (San Ambrosio de Milán).
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“TRABAJAR EN LA VIÑA DEL SEÑOR”
«Dios entra a habitar en un alma cuando ésta no sólo medita en su amor, sino que también trabaja en él día y noche» (Santa Brígida de Suecia).
No basta con contemplar, admirar y alabar el amor de Dios, sino que también hay que ponerlo en práctica día tras día mediante las obras de caridad. Estas implican las obras externas, pero también el trabajo constante en nuestro propio corazón, a fin de superar, con la gracia de Dios, todo aquello que impide el despliegue del verdadero amor. Esta es la voluntad de nuestro Padre, tal y como lo deja claro Santa Brígida.
“RESULTADOS MÍNIMOS”
«Mis queridos hijos, desde hace ya veinte siglos os he colmado de estos bienes con gracias especiales, ¡pero el resultado es mínimo!» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
“PERMANECER SIEMPRE ALEGRES”
«El demonio se alegra sobre todo cuando logra arrebatar la alegría del corazón de un siervo de Dios» (San Francisco de Asís).
Un testimonio malhumorado de nuestra fe difícilmente contagiará a otras personas ni las animará a acercarse con mayor intensidad al Señor. Tampoco un testimonio excesivamente eufórico resultará atractivo para quienes buscan a Dios de verdad. Lo que ayudará a las personas a abrirse a la fe es un corazón alegre, encendido de amor y gratitud por Dios. En un corazón así morará esa alegría a la que se refiere san Francisco de Asís en la frase de hoy. También san Pablo nos exhorta: « Alegraos siempre en el Señor» (Fil 4,4).
“EL CRITERIO ES LA VERDAD”
«Es un delito perturbar la paz allí donde reina la verdad. Es un delito permanecer en paz allí donde se destruye la verdad. Por tanto, la verdad es la medida y el fin último de las cosas» (Blaise Pascal).
Con su importante afirmación, que nunca debemos olvidar ni relativizar, nuestro Señor nos dio a entender: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre si no es a través de mí» (Jn 14,6). Estas palabras nos vivifican y nos mueven a orientarlo todo en base a la verdad y a anunciar a Aquel que es la Verdad misma. Si bien es cierto que podemos aplicar la cita de Blaise Pascal a muchas situaciones, tiene un significado y una fuerza especial en el contexto religioso en el que se enmarcan los «3 Minutos para Abbá».
“VERDADERA PIEDAD”
«Si una florecilla pudiera hablar, me parece que nos diría simplemente todo lo que Dios ha hecho por ella, sin ocultar ninguno de sus dones. No diría, con el pretexto de la humildad, que no era bonita, o que no tenía un olor dulce, que el sol había marchitado sus pétalos o que la tormenta le había magullado el tallo si supiera que no era así» (Santa Teresita del Niño Jesús).
Esta delicada observación de santa Teresita complementa muy bien la frase de san Jerónimo que meditamos ayer. Por muy necesario que sea reconocer nuestra propia imperfección y esforzarnos por imitar la perfección de Dios, es igualmente importante reconocer y valorar en toda su belleza los dones que Dios nos ha concedido.
“CONCIENCIA DE LA PROPIA IMPERFECCIÓN”
«La única perfección del hombre consiste en tomar conciencia de su propia imperfección» (San Jerónimo).
Esta afirmación, que en un primer momento puede parecer una visión pesimista de la condición humana, revela su sabiduría cuando la analizamos más detenidamente.
“ATENCIÓN VIGILANTE”
«Por la mañana, disponte cuidadosamente a evitar, resistir y superar todo aquello que pueda ser perjudicial para tu salvación y para la gloria de Dios» (San Francisco de Sales).
Este es el consejo que nos ofrece san Francisco de Sales para librar el combate espiritual con determinación. Se trata de una decisión de nuestra voluntad, un enfoque fundamental que adoptamos para recorrer el camino de la santidad.
“EL MAR DE LA BONDAD DE DIOS”
«Arrojémonos al mar de su bondad, donde toda debilidad queda borrada y todo temor se transforma en amor» (San Pablo de la Cruz).
En el Mensaje de Dios Padre a sor Eugenia Ravasio encontramos palabras similares que nos invitan a arrojarnos al mar de la misericordia divina. Allí seremos purificados y fortalecidos para continuar nuestro camino.
“EL OLVIDO DE DIOS”
«¡Oh, mi amor de Padre ha sido olvidado por los hombres! Sin embargo, ¡yo os amo tan tiernamente!» (Mensaje de Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio).
¡Con qué facilidad olvidamos los beneficios de Dios y, con ello, a nuestro Padre, que nos los ha concedido! Las consecuencias no tardarán en llegar, porque entonces perdemos la relación viva con Dios y no percibimos su presencia concreta en nuestra vida. Así, con demasiada facilidad, nos sumergimos en la rutina cotidiana sin pensar en el Señor.
