“LA MIRADA DE JESÚS AL PADRE (I)”

Amado Padre, hoy me gustaría compartir con quienes siguen los «3 minutos para Abbá» un maravilloso acontecimiento con el que has bendecido a nuestra comunidad. Algunos probablemente ya lo conozcan; otros lo escucharán por primera vez.

Ocurrió el 7 de abril de 2023, Viernes Santo aquel año, a las 9 de la mañana, la hora en que inició la crucifixión de tu Hijo para redimir a la humanidad (Mc 15,25). Como es costumbre en la Iglesia Católica durante el Tiempo de Pasión, el gran crucifijo de nuestra capilla estaba cubierto con un velo morado.

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“LA VIDA DICHOSA”

«Precisamente en esto consiste la vida dichosa: alegrarse con vistas a ti, en ti y por ti» (San Agustín).

¡San Agustín tiene razón! Esta vida dichosa ya se anticipa aquí en la Tierra, amado Padre. En cuanto nos despertamos y nos sacudimos el sueño, tu gracia ya está con nosotros, moviéndonos a dedicarte nuestros primeros pensamientos y palabras. Durante toda la noche has velado sobre nosotros por medio de tu ángel. Y el nuevo día que amanece nos espera con su tarea.

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“EN EL UMBRAL DE LA SEMANA SANTA”

«La Cuaresma es el otoño de la vida espiritual, en el que debemos cosechar los frutos y almacenarlos para todo el año. Haga todo lo posible —se lo ruego— para enriquecerse con estos tesoros preciosos que nadie podrá robarle y que no se oxidan (cf. Mt 6,20). Recuerde lo que digo con frecuencia: mientras pretendamos vivir dos Cuaresmas al mismo tiempo, nunca conseguiremos vivir bien ni siquiera una. Por tanto, vivamos la Cuaresma actual como si fuera la última, entonces la aprovecharemos bien» (De una carta de San Francisco de Sales a Juana Francisca de Chantal).

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“EL REINO DE SU AMOR”

“En el corazón de María, el Padre edifica el Reino de su amor” (San Juan Eudes).

¡Qué bella constatación de San Juan Eudes! Efectivamente es así: la Virgen acogió plenamente el amor de Dios y dio la respuesta que nuestro Padre pide y espera de nosotros, los hombres. Al decir “hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38), María abrió las puertas para que el Padre pudiese desplegar sin impedimentos su plan de salvación. Y Dios le encomendó lo más valioso que podía dar a los hombres: a su amado Hijo.

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