“LA LUZ DEL MUNDO”

«Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12).

¿Acaso hay palabra más hermosa que ésta que Tú, amado Padre, nos concediste a través de tu Hijo? Todos anhelamos la luz. Incluso en el plano natural, la luz nos llena de alegría, ¡y cuánto más la sobrenatural, que todo lo esclarece!

¿Por qué tantas personas pasan de largo ante esta luz? ¿Acaso aman más las tinieblas que la luz, como atestigua la Sagrada Escritura?

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“RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS Y VIDA ETERNA”

¿Por qué, amado Padre, ni siquiera el signo de la resurrección de un muerto bastó para que los fariseos reconsideraran su postura hostil hacia Jesús? ¿No es suficiente que ocurra un milagro de tal magnitud para que quede patente que Tú estás obrando? ¿Qué más habría de suceder?

Podemos anticipar tu respuesta, porque ya nos la has dado una y otra vez en la Sagrada Escritura; y también en la vida de tus santos acontecía que ni siquiera los milagros más evidentes podían mover a los tiranos a la conversión.

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“EL PODER DE LA INTERCESIÓN”

¡Cuánto debió haber sufrido san Abraham de Edesa al enterarse de que su sobrina María, a quien él mismo había guiado hacia una vida de penitencia y profunda unión con Dios, se había dejado seducir y se había descarrilado del camino de la salvación! ¡Cuántas lágrimas habrá derramado, cuántos sacrificios habrá ofrecido hasta que finalmente pudo conducirla de vuelta al camino de la santidad! Oh, Señor, ¡cuántas lágrimas derramó también santa Mónica hasta que su hijo Agustín escuchara tu voz y se apartara de sus errores!

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“EL ENCUENTRO CON EL VERDADERO REY”

Amado Padre, siempre son muchas las intenciones que te presentamos. Sin embargo, esta vez se trata de una petición muy significativa y concreta.

En la meditación de hoy, hablábamos de que tu Hijo es Rey y de que su Reino debe extenderse a todos los hombres. Ciertamente, no se trata de un dominio que pueda imponerse con medios mundanos. Antes bien, es la soberanía del amor, el reinado del Mesías, el Salvador de todos los hombres. Cuando todos se someten de buen grado a su yugo y siguen a Jesús, surge la comunión contigo y la verdadera unidad entre los hombres.

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