«Hijo mío, entrégame tu corazón; y tus ojos seguirán mis caminos». (Antífona de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús). leer más
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“LA FUERZA DE LA VERDAD”
«La verdad tiene el poder de perdurar». (Palabra interior).
Todo pasa, pero la Palabra de Dios permanece. Así nos lo asegura el Señor en el Evangelio (Lc 21, 33). En medio de la agitación y los turbulentos cambios que nos rodean, hay algo que permanece para siempre: ¡nuestro Padre mismo! Por eso nos ha comunicado sus palabras imperecederas. Estamos llamados a vivir conforme a esta verdad inmutable. A partir de ella, debemos aprender a distinguir lo perecedero de lo imperecedero, lo importante de lo menos importante y de lo insignificante.
“NI PRISA NI INQUIETUD”
«Cuidaos de la prisa y la inquietud, pues nada obstaculiza más el crecimiento interior que eso». (De una carta de san Francisco de Sales a santa Francisca de Chantal). leer más
“EL PADRE LUCHA POR NOSOTROS”
«Se necesita un ejército que aspire a la santidad para poder resistir en este combate» (Palabra interior).
Se trata de una palabra interior procedente de santa Juana de Arco. Nos habla de un «ejército santo», que también en esta época es necesario. Probablemente se refiera al «ejército del Cordero», es decir, a aquellos que siguen al Cordero adondequiera que vaya (Ap 14,4).
PRONTITUD VIGILANTE
«Cinco vírgenes prudentes, junto con las lámparas, llevaron aceite en sus vasijas. A medianoche se oyó una voz: ‘¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!’» (Mt 25,4.6). leer más
“EL MAYOR TALENTO”
«Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco» —«Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu Señor» (Mt 25,20b-21). leer más
“LA FRANQUEZA DE LOS NIÑOS”
«Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 19,14). leer más
“EL VERDADERO DESCANSO”
«Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29).
¡Cuán veraces son estas palabras del Señor!
«Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», exclama san Agustín. Nuestra alma busca a Dios, aunque quizá no sea consciente de ello. Las cosas terrenales no pueden saciarla, pues no están destinadas a darle la plenitud, sino que son solo un regalo adicional de nuestro amoroso Padre.
“¡TU HERMANO HA SIDO ENCONTRADO!”
«Conviene que te alegres, hijo, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado» (Lc 15,32).
“REGOCIJO EN EL CIELO”
«El padre les dijo a sus siervos: ‘Pronto, sacad el mejor traje y vestidle; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies» (Lc 15,22). leer más
