«El demonio se alegra sobre todo cuando logra arrebatar la alegría del corazón de un siervo de Dios» (San Francisco de Asís).
Un testimonio malhumorado de nuestra fe difícilmente contagiará a otras personas ni las animará a acercarse con mayor intensidad al Señor. Tampoco un testimonio excesivamente eufórico resultará atractivo para quienes buscan a Dios de verdad. Lo que ayudará a las personas a abrirse a la fe es un corazón alegre, encendido de amor y gratitud por Dios. En un corazón así morará esa alegría a la que se refiere san Francisco de Asís en la frase de hoy. También san Pablo nos exhorta: « Alegraos siempre en el Señor» (Fil 4,4).
