«Incluso un Elías era débil y estaba necesitado de mi fuerza para llevar adelante su ministerio» (Palabra interior).
¿Quién no recuerda al gran profeta Elías, que condujo a su pueblo de vuelta a Dios mediante magníficos prodigios? ¿No fue él quien se atrevió a enfrentarse directamente al rey Ajab cuando este hacía cosas contrarias a Dios? ¿No fue él quien sufrió el odio de la reina Jezabel, que rendía culto a los baales, y quien lo persiguió encarnizadamente cuando él había mandado matar a sus sacerdotes idólatras, no sin antes haber demostrado que actuaba por encargo del Altísimo?
