“LA PUREZA DIFUNDE LUZ”

Amado Padre, en la lectura de hoy nos exhortas, a través de tu apóstol, a abstenernos de toda impureza. Es terrible ver cómo este vicio oscurece la vida de una persona y le impide percibir la luz refulgente que emana de la pureza de los santos ángeles y de tantas vírgenes que estuvieron dispuestas a dar su vida para preservarla, ¡y el resplandor radiante de la Virgen purísima! Además, todo esto se ve eclipsado cuando la impureza espiritual de las falsas doctrinas penetra en nuestra Iglesia, quizá incluso acompañada de otras formas de impureza.

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“UN CORAZÓN AGRADECIDO”

Amado Padre, ¿cómo podemos convertir nuestro corazón en un jardín de gratitud, desde el cual la alegría en ti fluya hacia todas las personas? ¡Qué luz podría irradiar en este mundo, en el que tantas personas desconocen la verdadera alegría y buscan su felicidad en cosas pasajeras! Además, sería un arma potente contra aquellos poderíos que quieren oscurecer nuestras vidas. ¡Les arrebataríamos, por así decirlo, las armas con las que tanto se complacen en atormentar a las personas! Difícilmente podrán atacar a un corazón agradecido en el que habita la alegría que viene de ti.

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 “TUS ADVERTENCIAS VALEN MÁS QUE EL ORO”

Amado Padre, Tú nos guías de diversas maneras en nuestro camino de seguimiento de Cristo. Las advertencias son uno de los valiosos regalos que nos concedes. Nos las diriges en tono serio para despertarnos y hacer hincapié en su importancia. Emanan de tu amoroso corazón, que al mismo tiempo les infunde suavidad. Se distinguen de las advertencias alarmantes y aterradoras del mundo, y más bien buscan recordarnos algo que fácilmente podríamos perder de vista.

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“RESPONSABILIDAD ANTE DIOS”

«El que se conduce según mis preceptos y observa mis normas, obrando conforme a la verdad, un hombre así es justo: vivirá sin duda» (Ez 18,9).

Amado Padre, nos gusta hablar de tu amor y bondad, de tu paciencia y misericordia. En efecto, son maravillosos atributos tuyos y de ellos vivimos. ¿Quién podría recorrer su camino hasta el final si Tú no lo sostuvieras y lo levantaras una y otra vez tras sus diversas debilidades y caídas?

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 “MI CASA SERÁ LLAMADA CASA DE ORACIÓN”

Con justa razón, amado Padre, tu Hijo se indignó al ver que se hacían negocios en el Templo, que no correspondían a la verdadera belleza y dignidad de tu Casa. Tu Hijo incluso dijo que lo habían convertido en una «cueva de ladrones» y expulsó a los vendedores y cambistas (Mt 21, 12-13).

Tu Casa, amado Padre, debe ser una «Casa de oración», un lugar reservado para el encuentro contigo. Para nosotros, puede ser un pequeño anticipo del Cielo, donde encontraremos la belleza de todas las bellezas en la contemplación de tu gloria.

Aún existen magníficas iglesias, construidas con gran amor para glorificarte, para ofrecer el Santo Sacrificio y para elevar a los fieles a una atmósfera de silencio y devoción. Deberían ser lugares incomparables, en los que nos sintamos envueltos por la magnitud de tu amor.

¿Siguen siendo así los templos hoy en día? ¿No se han instalado con frecuencia el ruido, el parloteo y muchas otras cosas que no deberían tener cabida allí? ¿Todavía encontramos iglesias que nos infunden reverencia a primera vista?

¿Y qué hay de nuestro templo interior, en el que Tú quieres morar? ¡Que experimente una profunda purificación cuando tu amor se derrame en él! Así como el amor impulsó a tu Hijo a expulsar a los vendedores, que el Espíritu Santo también ahuyente de nuestro templo interior todo aquello que no debería tener cabida en él. Nuestro corazón debería ser tu Casa, donde nos encontramos contigo, un lugar privilegiado para el amor entre Tú y nosotros. ¡Nada debe empañar este amor! Por eso, amado Padre, te pedimos que purifiques nuestro templo interior para que tu amor pueda habitar en él y puedas exclamar:

«¡Toda hermosa eres, amor mío, no hay defecto en ti! ¡Anímate, amor mío, hermosa mía, y ven!» (Ct 4,7; 2,13b).

EL PASTOR DE TODOS LOS HOMBRES

«A todas [mis ovejas] las pastorearé con justicia» (Ez 34,16).

Amado Padre, tú dirigiste estas maravillosas palabras a tu pueblo Israel, mostrando así tu profundo amor por tu primogénito. Siempre permaneciste fiel a tu pueblo, a pesar de que este se desviara tantas veces del camino. A veces tuviste que devolverlo con mano firme y recordarle la alianza que habías sellado con él. Pero siempre estabas dispuesto a perdonar y a olvidar sus pecados, si tan solo te hubieran escuchado.

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“UN AYUNO GRATO A TUS OJOS”  

«Con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas (…) a dominar nuestro orgullo, e imitar así tu generosidad compartiendo nuestros bienes con los necesitados» (Prefacio de Cuaresma).

A través del profeta Isaías, amado Padre, nos dejas muy claro en qué consiste un verdadero ayuno. Tú aborreces toda injusticia y te horroriza que alguien sea capaz de perjudicar a quien ya de por sí tiene poco. El santo ayuno incluso puede pervertirse cuando se practica simplemente porque goza de prestigio en una sociedad religiosa –como era el caso del pueblo judío en el pasado– pero se le despoja de su sentido más profundo.

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