“BEBED CON GOZO DE LAS FUENTES DE LA SALVACIÓN”  

«Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación» (Is 12,3).

Estas palabras del profeta nos transmiten el consuelo que nuestro Padre celestial promete a su pueblo fiel. Son un extracto del así llamado «Cántico de acción de gracias de los rescatados». Las fuentes de la salvación están llenas hasta desbordar.

En el Mensaje a sor Eugenia Ravasio, nuestro Padre lo expresa así: «Vengo a abrir un manantial de agua viva que, a partir de ahora y hasta el final de los tiempos, nunca se secará (…). Quiero abriros, además, mi Corazón, del cual brotará una fuente refrescante que apagará la sed de todos los hombres».

A continuación, nuestro Padre precisa: «Desde que prometí a los hombres un Salvador, he hecho brotar esta fuente. La hice pasar a través del corazón de mi Hijo para que llegara hasta vosotros».

Sabemos, pues, que las aguas de la salvación brotan del amoroso Corazón de Dios, que siempre está ahí para nosotros, para que bebamos de él. Nuestro Padre es el torrente de la gracia y nuestro Señor Jesucristo es «el depósito de esta fuente». Los hombres pueden acudir siempre a Él y beber de su corazón.

Nuestro Padre no omite decirnos cómo podemos encontrar esta fuente: «Yo os mostraré esta fuente dándome a conocer tal como soy».

Y entonces nos da la clave de cómo acercarnos a Él: «¡Oh! Venid por el camino de la confianza, llamadme Padre, amadme en espíritu y en verdad. Eso bastará para que esta agua refrescante y potentísima sacie vuestra sed».

La invitación está hecha: «A todos los sedientos: Venid a las aguas y bebed gratuitamente de la fuente de la vida» (cf. Is 55, 1).